Por 14 meses estuviste pegado a mí. Desde que llegaste al mundo hasta que decidiste que ya no necesitabas más. Fue una de las experiencias más enriquecedoras que he vivido contigo, mi pequeño, darte tu alimento vital, mi leche, tu leche.Sentirte cerca, acudir a tus llamados, nutrirte, mirarnos, abrazarte, pasar las noches juntos, pegados, solos tú y yo.
Cuando lo dejaste me sentí un poco triste... pero a la vez feliz. Una etapa más se había cumplido naturalmente. Por mí hubiera durado un poco más, pero tú mandas en estos avatares...
Darte de mamar fue una cosa de otro mundo. Me hiciste sentir tan importante, valiosa y mucho más, porque alimentarte con lo que yo misma producía era una tarea potente, llena de compromisos que había que cumplir, desde cuidar mi alimentación hasta abandonar mis vicios, pasando por los desvelos y el "qué dirán". Y todo por y para tí.
No hay nada más sublime en este mundo que las miradas y las sonrisas que me regalaste mientras tomabas tu teta, tu "pechito" como le llamábamos. La teta era más que tu alimento, era tu consuelo, tu alegría, tu bendición, un líquido vivo lleno de amor que fabriqué con cuidado y sabiduría milenaria, la herencia que deposité en tu cuerpo y que, como dicen, es un regalo para toda la vida. Un regalo para tí, pero también para mí. Gracias por darme ese regalo.
1 comentario:
ay Katita que cosas tan lindas le escribes a Max!!!!
besitos
Publicar un comentario