"La única cosa que conocemos de la naturaleza humana es que
cambia."
Oscar WildeUna de las cosas que más nos complicaba a tu padre y a mí, era que "no dormías". Como chiste, el pediatra nos preguntó en una ocasión "cuál era tu happy hour"... yo pensaba ¿qué querrá decir con eso? Y claro, el doctor nos explicó que, al comienzo de sus vidas, los bebés tienen horas fijas en las que se ponen muy inquietos y lloran, lloran, lloran. Y no duermen. Y estas horas son, supuestamente, coincidentes con la hora de dormir. Nosotros contestamos que tú llorabas mucho entre las 9 de la noche y las 3 de la mañana.... non stop!
Cometimos, otra vez, muchos errores. Como darte agua de melissa.... o de apio... o incluso dejarte llorar solo en tu cuna. Suerte que eso sucedió sólo una vez y luego me encontré con la respuesta que andaba buscando: tú necesitabas nada más que amor, teta y colecho. Y aunque durante tus primeros 6 meses dormías en una cunita junto a nuestra cama, ya después te pasaste definitvamente a la cama grande, con nosotros. Debo agradecer infinitamente a tu padre por todo su apoyo incondicional, por su ayuda y su paciencia durante "aquellas noches de desvelo", por su comprensión y por ser él el primero en invitarte a compartir nuestra cama.
Muchas madres en este mundo batallan contra la naturaleza de la evolución de sus pequeños, los tratan de adiestrar para que coman, para que duerman y para que hagan lo que debe hacer todo buen niño: portarse bien. Muchas de esas madres luchan contra sus instintos. Tal como en algún momento luché yo misma. Sin embargo, tu padre y yo aprendimos que mientras más te dejábamos a tus anchas, en vez de "malcriarte" te estábamos "biencriando". Tenerte en brazos o a mi lado mientras te amamantaba (y no cada 4 horas como alguien por ahí me mal aconsejó, si no que cuándo y cuánto tú quisieras), sentarme en el suelo contigo para dejarte explorar, hablarte como si en cualquier momento me fueras a responder, explicarte las cosas de la vida y el mundo, cargarte todo el tiempo en brazos para que vieras el mundo con los mismos ojos que yo, y lo más importante: jamás dejarte solo, llorando.
Tus noches fueron caóticas al principio de tus días, lo sé. Pero pronto se "normalizaron". Luego, en la mitad de tu primer año, despertaste en medio de la noche otra vez. Pensé que era un "retroceso" pero gracias otra vez a las buenas lecturas y a la información respetuosa que obtuve, supe que el sueño a esa edad es circadiano, polifásico e inestable*, es decir, aunque ya distinguías y diferenciabas el día de la noche y asociabas ésta última como el momento para dormir, aún no habías evolucionado hacia las fases de sueño que tenemos los adultos (menos que los bebés) y te ibas a despertar muchas veces y esto era completamente normal.
Una vez que comprendí esto, me relajé y sin darme cuenta llegó un momento en que ya no despertabas más por las noches, abandonando incluso las tomas nocturnas... comenzando de este modo un lento camino hacia un destete natural (bastante doloroso emocionalmente para mí, por cierto) pero que dio fin a una hermosa etapa vivida a plenitud y con el mayor de los respetos.
No eras más que un cachorro humano actuando como cachorro humano. Con tu vulnerabilidad a flor de piel, con tus imperfecciones que te hacían perfecto, con tu sed enorme de amor y leche materna, tu alta demanda de brazos, amor, apoyo y compañía constante día y noche. Hoy, ya casi todo eso se ha ido poco a poco, ya no tomas la teta, te duermes y sueñas toda la noche (valga reconocer que... por fin!) y cada vez menos me pides brazos... cada día que pasa evolucionas increíblemente rápido hacia la niñez, con una independencia que me asombra.
A veces no puedo evitar sentirme un poco abrumada porque estoy perdiendo a mi bebito, te miro y no puedo creer que antes con sólo mirarte conocía tus necesidades y en cambio hoy me las haces saber gracias a tus primeras palabras. Has evolucionado hasta convertirte en un pequeño niño lleno de alegría y ganas de explorar el mundo.
Y yo me muero de miedo por hacerlo bien, como madre. Pero es un miedo excitante, y no puedo esperar para verte crecer.... a tu ritmo. Todo a su tiempo, mi amor, que yo te espero cada minuto del día. Y de la noche.
*Términos aprendidos durante la valiosísima lectura del libro Dormir sin lágrimas, de Rosa Jové.
1 comentario:
Hermoso..
Gracias por la lagrímas q estoy derramando ahora, esas lagrímas de nostalgía xq todo esto que escribiste me esta pasando hoy..
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