
Creo que he sido muy audaz. Porque desde que te sentí en mi guatita decidí que jamás iba a perderme ni un minuto de tu vida. Eso no quiere decir que seré tu sombra o que te seguiré como una sicópata... pero mientras seas mi pequeño y dependas de mí, te disfrutaré cada momento.
Así fue como construí para tí la fortaleza más segura. Tú sabes que si me necesitas, ahí estoy, inmediatamente, sin excusas, sin esperas. Tú sabes que si quieres dormir conmigo, eres bienvenido. Sabías que tenías tu teta hasta que tú quisieras, y así fue. Sabías que jamás te iba a dejar llorar solo, y así fue, aunque muchos me dijeron que te "malcriaba".... y el tiempo me dio la razón, porque hoy eres un sol. Sabes que nada de lo que hagas, jamás, me hará negarte el amor y la comprensión que necesites.
Me propuse grabar en mi memoria y en mi corazón cada momento, malo y bueno. Esas noches sin dormir, cuando llorabas y nada te calmaba, esos momentos de soledad, cuando el cansancio y el sueño me abrumaban y la paciencia se me agotaba..... esas noches las dediqué a tí, mientras pensaba que yo había elegido pasar esos momentos contigo y elegí disfrutarlos en vez de lamentarme. Porque esos momentos NUNCA VOLVERÁN!!!
Cuando naciste, las primeras noches, hacías un ruidito muy agudo, como ratoncito... lo recuerdo vívidamente. Duró sólo 3 o 4 días. Pero yo lo recuerdo, porque cuando ocurrió yo estaba presente en cuerpo y alma, conectada contigo, pendiente, comprometida, consciente de tí y tu presencia. Y recuerdo el olor de tu cabecita, ese olor inconfundible, y te olía como una loba debe oler a sus cachorros, mientras guardaba silencio, porque quería escuchar tus ruiditos.
Recuerdo la primera vez de todo. Todas tus primeras veces, todo lo que he vivido junto a tí. Y el tiempo pasa tan rápido. Y siguen habiendo primeras veces, sin duda quedan muchas más por venir. Pero la primera vez que más me gusta, es aquella cuando me dijiste que me amabas... yo estaba triste, muy triste, y sentía que la esperanza me abandonaba... y te abrazé fuerte mientras me hacías esos masajes que tú haces en mis orejas... y entonces te pregunté: tú me quieres, verdad? Y tú, muy seguro, fuerte y claro, respondiste: MAMÁ, AMO!!!!!!!
Creo que es la primera vez que me sentí realmente amada. Y te amé aún más que cuando te vi, por primera vez.