Hoy te dejé en tu colegio como todos los días. Ya no llegas retraído y
ensimismado, no, ahora llegas contento, alegre, motivado y feliz de ver a tus
compañeros, a tu profesora, orgulloso de tener tu espacio, tu ambiente y tu
lugar, donde perteneces y donde sientes que formas parte.
Me siento tan orgullosa al verte sonreír, satisfecho de poder ser tú
mismo. Hay, ciertamente, muchas cosas que no hemos logrado pero para eso hay
mucho tiempo y confianza, en que haremos este y todos aquellos trabajos juntos,
como siempre ha sido.
Sin embargo hoy sucedió algo especial. Hoy descubrí muy temprano que
tengo en ti una joya que comienza a pulirse tan lentamente pero con mucha
seguridad. Nunca como padres nos detenemos a pensar en este tipo de detalles
pero hoy me tocó el turno y realmente esto hizo de mi día un día mucho mejor.
Hablamos con tu profesora de tus múltiples talentos, de tus grandes
virtudes y también, por qué no, de algunas de tus debilidades. Te cuesta un
poco defenderte cuando algún compañero te molesta o te pasa a llevar. Si bien
me preocupa, tengo fé en que de a poco lograremos mejorar ese aspecto de tu
personalidad. Ya veremos. Pensaba en eso cuando tu profesora agregó que un día,
a pesar de tu conducta intachable, fuiste acusado por tu mejor amigo. Tu culpa
había sido, quitarle un globo. La profesora, muy extrañada, solamente te miró,
esperando una explicación ante tu comportamiento atípico. Dijo que no habías
dicho nada, solamente la miraste con esos ojos grandes tuyos llenos de
ansiedad… para luego sacar la voz y decir: LE QUITÉ UN GLOBO PORQUE TENÍA DOS,
Y MI AMIGA MARTINA NO TENIA NINGUNO ASÍ QUE SE LO DÍ A ELLA.
Sentí una mezcla de cosas. Primero, por supuesto, orgullo. Eres
empático, generoso y caballero. Un príncipe gentil que es tan galante que ayuda
a su amiga en apuros. Lo tomé con humor. Sin embargo me atravesó una pequeña
espinita, al pensar en que defiendes a otros pero no puedes defenderte a ti
mismo. Mi culpa. También yo en mi vida he permitido tantas veces ser pasada a
llevar sin hacer nada al respecto, y lo peor de todo, ante tus ojos.
Así que hoy he reafirmado mi convicción de que ser tu madre es mucho
más que alimentarte, bañarte, jugar y mantenerte seguro. Es tan grande mi
tarea, tener que formar tu persona, tu carácter, darte las herramientas para
ser en el futuro todo un hombre. Pero cómo puedo enseñarte todo eso si ni
siquiera yo misma lo he conseguido para mí? Con qué propiedad puedo yo decirte
que debes defenderte si yo misma no me defiendo? Cómo traspasarte esa fuerza para imponerte
ante un adversario y hacerte valer, cuando cada día siento que la pierdo? Cómo
ayudarte a entender que necesito que aprendas a pararte solo?
Como madre estoy llena de miedos, el primero y más grande siempre es
que algo malo te pase. El segundo, no estar para ti. El tercero es que un buen
día me reproches mis errores. Y entonces temo que me digas “y cómo tú?” y no
poder responder con la verdad. Sigo pensando todos los días, en que si lo estoy
haciendo bien, siempre podría hacerlo mejor…
Te amo hijo y estoy orgullosa de ti.

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