jueves, 21 de junio de 2012

El Globo





Hoy te dejé en tu colegio como todos los días. Ya no llegas retraído y ensimismado, no, ahora llegas contento, alegre, motivado y feliz de ver a tus compañeros, a tu profesora, orgulloso de tener tu espacio, tu ambiente y tu lugar, donde perteneces y donde sientes que formas parte.
Me siento tan orgullosa al verte sonreír, satisfecho de poder ser tú mismo. Hay, ciertamente, muchas cosas que no hemos logrado pero para eso hay mucho tiempo y confianza, en que haremos este y todos aquellos trabajos juntos, como siempre ha sido.
Sin embargo hoy sucedió algo especial. Hoy descubrí muy temprano que tengo en ti una joya que comienza a pulirse tan lentamente pero con mucha seguridad. Nunca como padres nos detenemos a pensar en este tipo de detalles pero hoy me tocó el turno y realmente esto hizo de mi día un día mucho mejor.
Hablamos con tu profesora de tus múltiples talentos, de tus grandes virtudes y también, por qué no, de algunas de tus debilidades. Te cuesta un poco defenderte cuando algún compañero te molesta o te pasa a llevar. Si bien me preocupa, tengo fé en que de a poco lograremos mejorar ese aspecto de tu personalidad. Ya veremos. Pensaba en eso cuando tu profesora agregó que un día, a pesar de tu conducta intachable, fuiste acusado por tu mejor amigo. Tu culpa había sido, quitarle un globo. La profesora, muy extrañada, solamente te miró, esperando una explicación ante tu comportamiento atípico. Dijo que no habías dicho nada, solamente la miraste con esos ojos grandes tuyos llenos de ansiedad… para luego sacar la voz y decir: LE QUITÉ UN GLOBO PORQUE TENÍA DOS, Y MI AMIGA MARTINA NO TENIA NINGUNO ASÍ QUE SE LO DÍ A ELLA.
Sentí una mezcla de cosas. Primero, por supuesto, orgullo. Eres empático, generoso y caballero. Un príncipe gentil que es tan galante que ayuda a su amiga en apuros. Lo tomé con humor. Sin embargo me atravesó una pequeña espinita, al pensar en que defiendes a otros pero no puedes defenderte a ti mismo. Mi culpa. También yo en mi vida he permitido tantas veces ser pasada a llevar sin hacer nada al respecto, y lo peor de todo, ante tus ojos.
Así que hoy he reafirmado mi convicción de que ser tu madre es mucho más que alimentarte, bañarte, jugar y mantenerte seguro. Es tan grande mi tarea, tener que formar tu persona, tu carácter, darte las herramientas para ser en el futuro todo un hombre. Pero cómo puedo enseñarte todo eso si ni siquiera yo misma lo he conseguido para mí? Con qué propiedad puedo yo decirte que debes defenderte si yo misma no me defiendo?  Cómo traspasarte esa fuerza para imponerte ante un adversario y hacerte valer, cuando cada día siento que la pierdo? Cómo ayudarte a entender que necesito que aprendas a pararte solo?
Como madre estoy llena de miedos, el primero y más grande siempre es que algo malo te pase. El segundo, no estar para ti. El tercero es que un buen día me reproches mis errores. Y entonces temo que me digas “y cómo tú?” y no poder responder con la verdad. Sigo pensando todos los días, en que si lo estoy haciendo bien, siempre podría hacerlo mejor…
Te amo hijo y estoy orgullosa de ti.


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