viernes, 1 de febrero de 2019

Un mes en Australia




La última entrada escrita en este blog contenía un relato más bien triste y sombrío, sin embargo con un final esperanzador: todo va a estar bien. Bueno, muchas cosas sucedieron luego de ese noviembre de 2016. A los pocos meses quedé embarazada, y tuvimos a nuestro bellísimo Gabriel, que nació el 18 de noviembre justo un año después de mi gran pena. De todas formas no me olvido de mi pequeño ángel. Siempre en mi corazón.

El 2017 nos sorprendió con la noticia de Paulo se había ganado la beca para hacer su doctorado en Australia, algo en lo que no había puesto muchas expectativas para ser honesta, pues pensé que con tremendo familión no le daban la beca jamás. Pero se la dieron! Y así fue que comenzó un período de desenlace en el cual desarmamos, guardamos, vendimos y regalamos muchas cosas. Dejar la casa de Nalcahue fue un hito para mí, pues realmente fui muy feliz en ese lugar, siento que allí fue donde pude construir las bases de mi familia y donde logré de todas maneras la estabilidad. Luego de dejar San Felipe, pasamos unas semanas en Algarrobo (donde el tiempo siempre vuela, para mi pesar) y el 29 de diciembre nos vinimos a Australia.

Ya cumplimos un mes aquí, y puedo decir que me siento completamente en casa. Puede ser porque es muy parecido a Lynnwood, donde vive mi familia, y donde he estado ya varias veces, por lo que no hubo choque cultural. Lo único que fue toda una novedad para nosotros, fue el tamaño de las arañas y la fauna existente, en todos lados, y a la que todos aquí ignoran con tremenda naturalidad. Nosotros, obviamente, a cada bicho que vemos le sacamos fotos y los miramos como si estuviéramos en el zoológico. Pero ya se nos pasará. No sucede nada de lo que la gente cree, no hay serpientes en los WC, no hay arañas gigantes dentro de la casa (afuera en las plantas sí, pero no se mueven de ahí y las telas de araña son del tamaño de un auto) tampoco andan los canguros por la calle ni hay koalas en los árboles. Tampoco hay 48 grados de calor. Hace mucho calor, pero para alguien que viene de San Felipe no es mayor tema. Los pájaros son fascinantes, los hay de todos tipos y colores. Los más comunes son los cuervos. Pero los que más nos han gustado son las cacatúas, que chillan fuerte y son todo un espectáculo. Sin embargo lo que no deja de asombrarme son los zorros voladores, que apenas se va el sol empiezan a volar y a ir de árbol en árbol y cuando ya cae la noche vuelan todos juntos y a nadie le llama la atención, como si fueran palomas, y para mí siguen siendo murciélagos gigantes volando sobre nosotros y es espectacular. Y luego están los possums, que son unos marsupiales que más bien parecen ratas del porte de un gato.

Max casi toca uno la otra noche, por ir pajareando. Veníamos de vuelta de Southbank donde fuimos a ver los fuegos artificiales por el día de Australia. Me encanta ir a Southbank!! Es un lugar muy agradable, a orillas del río Brisbane. Tiene de todo para ser feliz: parques maravillosos, jardines japoneses, pagodas, restoranes, zonas de picnic, música, museos, piscina pública (con arena de playa y que está abierta hasta las 10 de la noche!! Con agua tibia y harto cloro) y tiene una vista espectacular de la ciudad (la City como le llaman aquí) y un largo camino para ir en bici, caminando, en scooter o simplemente para sentarse por ahí a mirar los alrededores. En los parquecitos hay asaderas eléctricas donde la gente hace sus asaditos (en las plazas también hay, en todos lados!!) y las personas realmente disfrutan todo, uno puede ver un día lunes a las 5 de la tarde a la gente sentada tomando vino o cerveza (o espumante y en copa!!) disfrutando y celebrando la vida. El calor casi no se siente, me imagino que por estar a orillas del río, y siempre hay una brisa fresca y agradable. Me encanta que uno puede ir con la familia e instalarse a comer un picnic, llevar tus cosas, dejarlas ahí para ir a nadar y volver y encontrar efectivamente todo ahí. Me liberé de ese miedo tan chileno de que me van a robar o me van a sacar el celular. Aquí la cultura existe y la gente cuida lo que tiene y lo respeta, así como existe el respeto y la tolerancia por los demás. Hay personas de todo el mundo, la gran mayoría asiáticos e indios. Max ha visto mujeres con burka y ha quedado impactado.




No hemos ido a muchos lugares más que a Southbank varias veces y a parques y centros comerciales. Las dos primeras semanas las pasamos buscando un lugar para vivir y fue bastante duro pues no tenemos auto aún, y caminar con los niños y el tremendo sol sobre nosotros fue toda una experiencia. A Max todos los lugares le gustaban, siempre entraba a uno directo a buscar la que sería su pieza. Pero Paulo y yo buscábamos un lugar que estuviera cerca del colegio de Max (el cual desde Chile ya habíamos escogido) y bueno, cerca del centro comercial que es donde está todo: por fuera la estación de buses y dentro el supermercado, la biblioteca, la farmacia, la verdulería además de todas las tiendas, cine y restoranes y todo lo que hay normalmente en un mall.

Encontramos una “Unit” que es como le llaman aquí a los departamentos, aunque igual hay departamentos, pero no logro entender la diferencia. La cosa es que nos gustó esta unit en la avenida Underhill, justo frente al centro comercial y a la vuelta del parque. Además venía amoblada por lo que no tendríamos que comprar casi nada para armar casa. Aplicamos y, después de una semana de incertidumbre, nos aceptaron y aquí estamos ya instalados y felices.
Max y Paulo comenzaron al poco con sus actividades pero aquí la vida es relajada entonces paso poco tiempo sola con Gabriel. A las 4.30 de la tarde ya la gente sale del trabajo y a esa hora cierran las tiendas del centro comercial, excepto el supermercado. Es raro ir al mall a las 5 de la tarde y ver todo cerrado. Pero cuando está funcionando, la gente circula con toda normalidad con un carro del supermercado lleno de mercadería (todo en bolsas reciclables, rara vez veo gente con bolsas plásticas) y uno se puede meter a otra tienda con el carro y seguir comprando y no pasa nada. Gracioso es que toda circulación es al revés: uno va por la derecha y viene por la izquierda en Chile, aquí es para el otro lado, lo mismo en las calles, y los autos con sus manubrios en el asiento que para mí es del copiloto… algo que ha hecho que no me apure comprar auto, la verdad me da un poco de ansiedad tener que manejar con todo al revés.




Pensábamos poner a Max en el colegio que corresponde al sector donde vivimos, el Indooroopilly State High School, pero no cuenta con un inglés fluido como para enfrentar la educación media. Así que nos mandaron a Milpera High School que es un colegio especial para niños inmigrantes. Obviamente, y como el chiste, Max se encontró con otro niño chileno, Vicente, y ya el domingo tenemos junta con su familia para conocernos y formar lazos y redes. Ya lleva dos días de clases y todo va bien, se supone que debe estar ahí por un año y luego puede volver al otro colegio. Me intriga el momento en que escuche a mi hijo hablando inglés fluido, me produce una ternura muy grande, verlo crecer y lograr estas habilidades me llena de orgullo. Pero lo que más me fascina de mi hijo, es su capacidad de adaptarse al cambio, su resiliencia, su paciencia y su manera de ser tan comprensiva y sensible. Por supuesto que a veces no lo soporto y me aburre con sus preguntas como “hasta qué hora vamos a estar aquí?” “me quiero ir” “estoy aburrido” etc y como cualquier adolescente, ya me cabrean sus audífonos y su aislamiento en su pieza. Sin embargo no tiene malos modos y siempre que se lo pido me ayuda con Gabriel, juegan mucho, y se aman. Y ha mostrado tan buen actitud frente a todo este cambio, incluso ha logrado gran independencia en cosas que yo jamás pensé ver tan pronto, como que va a comprar o va a la biblioteca solo. Una vez le dije la vergüenza le da a los que roban o hacen algo malo, hablar poco o mal inglés no es motivo de vergüenza. Tú vas y te comunicas de la mejor manera que puedas, con palabras sueltas, con gestos, con miradas, la gente te va a entender, y nadie se va a reír de ti. Y si no logras hacerte entender yo puedo ayudarte. Qué es lo peor que puede pasar? Y se ha lanzado de tal forma que ya la próxima semana empezará a irse solo al colegio. Lo veo con mucha seguridad, con más desplante. Poco va quedando del niño tímido, y aunque ya va a cumplir 12 años dentro de pocas semanas, es un grande. Claro para mí siempre será mi truchi trululú.


Mi Paulito está bien, feliz, totalmente australiano. Para un hombre como él, hiper correcto y culto, vivir en un lugar donde los horarios y las culturas se respetan es estar en el cielo. Pero más allá de eso, lo veo feliz de estar cumpliendo un sueño, una meta, lo veo con esa satisfacción que da el poder cumplir ese proyecto que, hasta hace un años atrás, no era más que una idea, un sueño, una posibilidad. Supongo que una vez que empiece de lleno con su programa de doctorado andará más ocupado y quizás estresado, pero siempre feliz y preocupado por su familia, como siempre. 


Y yo… bueno yo estoy feliz, contenta de ver a mi familia marchando y viviendo la vida en otra frecuencia, disfrutando la felicidad que dan los nuevos comienzos, y por primera vez construyendo sobre bases sólidas y no sobre algo destruido. Estoy gratamente sorprendida con mis hijos, que han resultado ser dos seres humanos maravillosos, sanos, alegres, simpáticos, buenos del alma. Gabriel es un loquillo, que le sonríe especialmente a las mujeres grandes (le gustarán viejas, igual que al padre) y se gana la mirada de todos como le dijeron el otro día “Beautiful big Brown eyes” (hermosos y grandes ojos cafés) (a la madre, dicho sea). Es un niño maravilloso, y no puedo esperar a verlo crecer y convertirse en una gran persona, un gran niño. 

La vida dio millones de vueltas, para que vean los que conocen mi historia, Millones. Y como conversaba hace un tiempo con mi querida amiga Carmen Paz, siempre hay esperanza, siempre hay un nuevo comienzo cuando uno quiere. Ahora solo queda disfrutar estos cuatro años, crecer aún más, lograr otras metas y luego plantearse nuevos proyectos. Por ahora, no cuento nada más. Ah y para los que me preguntan chistosamente “y los canguros?” les cuento que comimos hamburguesas de canguro el otro día. Ni un brillo. Una vaca más.
En el próximo boletín habrá novedades, para que estén atentos.




Aussie, aussie, aussie!!!

4 comentarios:

pataley dijo...

Siento tu felicidad en el relato... disfruta como bien sabes hacerlo y aprovecha que 4 años pasarán volando.
La vida tiene cosas buenas para ti.

Sol dijo...

Pero que maravilloso fue leer tu historia y saber lo feliz que estas con tu familia en este nuevo hogar. Sigan disfrutando de la vida que es hermosa más aun cuando se van cumpliendo tus sueños ��besos a los 4.

Matt Anderson dijo...

Good stuff, funny and insightful and sincere.

david M dijo...

hola, nos acaba de pasar lo mismo con el indooroopilly state high school y nos lo han mandado a milpera, que tal es el colegio? esta contento tu hijo con la escuela?
Un saludo