martes, 22 de noviembre de 2016

Nunca en mis brazos, siempre en mi corazón.


Ayer fue un día especial, un 21 de noviembre que no olvidaré y me alegro de que así sea. Estábamos de aniversario con mi Pauloco, cumplíamos dos años juntos y yo tenía expectativas diferentes para este día, pensé celebrarlo de una forma distinta, pero las cosas no siempre suceden como uno quiere.  Ayer perdimos a nuestro primer hijo, a las 7 semanas de gestación. Tuve un aborto retenido que se detuvo en la semana 6 y anoche finalmente tuve un aborto espontáneo. Es el tercer hijo que pierdo en la vida, el primero para Paulo. ¿Por qué lo cuento? Porque siento que es extraño que no se hable de esto, cuando es tan común y le pasa a montones de mujeres.

No quise someterme a un legrado. Paulo y yo decidimos dejar que mi cuerpo hiciera su trabajo. De esta forma, todo ocurrió en la intimidad de nuestra casa, estando juntos y en medio de una situación muy doméstica: Max con 40 de fiebre y vómitos. Fue una noche maravillosa, y no lo digo de forma irónica, si no que de verdad intenté presenciarla en todo sentido, viviendo el momento de manera consciente, desde todos los ángulos, como mujer, como madre, como persona, como pareja. Como madre, sentir que estoy perdiendo a mi ángel mientras cuido y protejo a mi niño, como mujer, sentir que mi cuerpo es templo de milagros maravillosos, cuna de misterios como la vida y la muerte, fiesta de hormonas, caos y perfección: una orquesta que funciona más allá de mi dirección. Y como persona, sentir todos los prejuicios que hace esa voz interior que cuestiona y culpa, pero que a veces, como anoche, contiene y fortalece, al mismo tiempo que mi mente trataba de visualizar mi umbral de dolor y dominarlo, sin desmayarse, sin decaer, enfocándose en la respiración, sintiendo mi cuerpo en medio del sufrimiento físico, tratando de trascender. Como pareja, tranquilizando a Paulo, y disfrutar porque esta vez pude contar con su apoyo y contención. En mi pérdida anterior, estuve acompañada de los mejores amigos que uno puede pedir, mi Paulita y José. La primera pérdida fue más triste, ya que ocurrió en la más triste soledad.

Estoy frente a mi blog, el cual abandono y retomo cada cierto tiempo, generalmente cuando me siento ahogada como ahora, y comienzo a escribir toda esa avalancha de sentimientos que me llenan la mente y el corazón, porque necesito continuar y para eso tengo que descargar la mochila. Me siento triste. ¿Por qué me pasa esto otra vez? He leído muchos estudios, algunos serios, otros no tanto, he leído testimonios, foros, he leído páginas web y libros de maternidad y siempre coinciden en que esto de traer gente al mundo es una lotería. Realmente estar aquí, viva, es una gracia del azar, o un regalo de Dios, o de la naturaleza, como se quiera creer. Las estadísticas indican que la probabilidad de embarazarse, por ciclo, es de 25% a 30% y luego viene ese oscuro porcentaje de probabilidades de que ese blastocito logre implantarse correctamente y evolucionar hasta convertirse en un ser humano. Hablo de ese oscuro y miserable 50%, el cual decae a medida que mi edad aumenta… Y finalmente no se trata de estadísticas. Se trata de mí. Se trata de la crueldad fisiológica de no ser capaz de sostener a mi guagua, y de la tortura posterior de seguir sintiendo todos los síntomas, aún cuando sé que ya no está. 

Y así. Todos esos malos recuerdos de mis pérdidas anteriores vinieron a visitarme anoche. Trajeron té y galletas. Y se instalaron a mi lado. Cada día desde el 22 de octubre cuando hicimos el test de embarazo y salió positivo, me llené de miedos y malos recuerdos, que se fueron achicando a medida de que pasaban los días y yo sentía que todo iba bien, que todavía me dolían las pechugas así que teníamos hormona, que en las ecografías todo estaba normoinserto y con biometrías correspondientes hasta que en algún punto empezó a ganar la duda porque nunca se veía el embrión. Que está muy chico, que vuelva en una semana, vuelva en dos… Mi querido pelado Ibieta, mi doctor, sumando y restando y arrugando su pelada frente a mis exámenes para darme esperanzas. Paulo a mi lado, viviendo todo esto por primera vez, con la esperanza viva en su corazón, con todo ese deseo gigante de entregar amor a este pequeño que venía. Todo esto hasta el viernes pasado, cuando empecé a manchar.

Otra vez, pensé. Y lo mismo: reposo, tranquilidad, y cualquier cosa a urgencias.

Mi embarazo se detuvo en la semana 5/6 aproximadamente. Pero la vida no se detiene. Tuve el paseo de curso de Max, al cual fui con mi mejor cara, aplicando técnicas milenarias que solo las mujeres usamos para hacer mil cosas a la vez, como estar de anfitriona en la casa de mi ex marido, con Paulo a mi lado, con hemorragia, con la pena de no saber si estaba perdiendo a mi guagua o era solo un sangrado sin importancia, sonriéndole a Max y a sus amiguitos, respondiendo a las preguntas de todos. Es cuático, es fuerte uno. Ahora lo veo en retrospectiva y de verdad fue bruto. Mi hijo me necesitaba en ese momento. No le estaba haciendo ningún favor. Pero y ¿Qué pasa conmigo?

Esta situación, perder un hijo, es bastante solitaria porque nadie puede hacer nada por uno. Físicamente se experimenta un dolor indescriptible. Yo le puedo explicar a otra multípara que es comparable a las contracciones del trabajo de parto, pero en vez de parir un bebé, se botan coágulos y un montón de sangre que, dicho sea de paso, no comprendo ya que estoy eliminando un saquito gestacional de solo 15mm… Pero ¿cómo le explico a Paulo lo que estoy sintiendo? Emocionalmente es devastador. Culpa, sentimientos de inferioridad, impotencia, envidia de cada mujer embarazada que veo… tristeza y dolor en el alma. ¿Qué puedo hacer por Paulo? Contenerlo. Pero yo honestamente no sé lo que siente él, además que es tan reservado, no es ruidoso como yo… Max es el más sensato, dijo “Pucha qué pena, vas a hacerlo otra vez?” y así superó rápidamente el tema.

¿Por qué nadie habla de una pérdida? Es tabú. Por prejuicios sociales, y tal como dije antes, por seguir normas, qué se yo. Me imagino que debe haber montones de mujeres en mi situación, incluso peores. Conozco mujeres que han tenido hasta 11 pérdidas, por lo tanto no soy nada especial.

Pero hoy soy especial. Hoy estoy más sensible que nunca y merezco ser querida y abrazada por todos los que quiero y me quieren. Mi hijo no fue al colegio, después de su fiebre de anoche, así que lo tengo aquí conmigo. Extraña casualidad. Así que el día especial será hoy, en que dejo aquí evidencia escrita de lo que pasó ayer, para volver a este recuerdo algún día en el futuro.

No sé por qué perdí mi guagua. Nadie lo sabe y no importa. La tuve, sin verla, la sentí sin poder tocarla, nunca podré conocerla pero la amé… Nunca la tendremos en nuestros brazos pero siempre en el corazón. Vamos a intentar otra vez y todas las veces que sea necesario. Ayer, cuando veníamos de vuelta de Santiago, un poco tristes después de recibir esta noticia, extrañamente para un 21 de noviembre, comenzó a llover. Al fondo de la carretera, vimos un arcoíris.

Todo va a salir bien.


lunes, 18 de marzo de 2013

Cosechas



 Cuando tenías un poco menos de dos años, visitábamos con frecuencia a tu tía Paula. Ella tenía un campo como nosotros, y una pequeña hija con la que tú jugabas mucho. Siempre que íbamos, nos costaba mucho regresar a nuestra casa, porque era entretenido estar con ellas y nos daba mucha lata volver a nuestra soledad. Una noche, en que ya nos disponíamos a volver desde donde la tía Paula, estaba yo tratando de subirte al auto, en contra de toda tu pena porque no querías irte. Así que hice uso de mis nervios de acero y te abroché el cinturón de seguridad entre llantos y manotazos.  Rápidamente, encendí la radio y busqué estratégicamente una canción: El Toro enamorado de la luna.
En el cielo brillaba la luna llena, y eso, en el campo, significa un espectáculo maravilloso del cual siempre te hice fiel espectador. Recuerdo todos aquellos paseos nocturnos de verano contigo en mis brazos, y cantando “Luna lunera, cascabelera…” ¿te acuerdas? No… no creo que lo recuerdes, pues eras muy pequeño.  
Siempre pensé en lo entretenido de crear experiencias contigo para que las recordaras después, para siempre. Así que desde que estabas en mi guata he sembrado, en ti, recuerdos. Yo sé que muchas cosas quedarán en tu inconsciente, pero siempre confié en que asi mismo muchas otras quedarían presentes en tu memoria. Pensando así, esa noche hice una siembra más, la canción del Toro.
Llorabas y llorabas y yo simplemente puse un cd que había copiado con varias canciones que quería que recordaras, que cuando las escucharas se vinieran a tu mente momentos especiales conmigo, tu madre. Y empezó la canción… “La luna se estaba peinando…” y yo empecé a cantar, tranquila y distraídamente, sin prestarte mucha atención pero atenta a tus reacciones. De pronto paraste de llorar y comenzaste a escuchar. Yo te señalé la luna y te insté a escuchar la historia que contaba la canción.
Y esa fue la primera de muchas canciones que sembré en ti. Y anoche tuve la primer a cosecha.
Te revolvías a mi lado impaciente, sin poder quedarte dormido. Miré por la ventana y vi una luna blanca muy pequeña  en forma de juliana, pero que brillaba mucho, tanto como para alumbrar por completo nuestra pieza. Así que cerré el libro y apagué la luz y te abracé. Te dije “mira la luna” y empecé a cantar “… la luna se estaba peinando…” y para mi sorpresa, tú seguiste “…en los espejos del río… y un toro la está miraaaaaando…” y así seguimos, con toda la canción. Cantamos hasta el coro que dice “lai lai laaara lara lara…” y nos dio ataque de risa, porque sonábamos tan graciosos. Y sentí ese momento, tan especial, me sentí feliz. Los dos abrazaditos mirando la luna hasta que te quedaste dormido, después de reír mucho.
No sé en qué momento te aprendiste la canción, nunca te había escuchado cantarla antes, pero valió la pena la espera de casi cinco años, desde el día en que la escuchamos juntos por primera vez hasta anoche, que te oí cantarla
Espero que nunca olvides ese momento. Y espero (y deseo con mucha ilusión) que cuando yo sea viejita y tú un adulto feliz, y escuches la canción, recuerdes ese momento. Y también espero que se la cantes a tus hijos.

viernes, 13 de julio de 2012

Gente verde



Max: Mami... los carabineros son verdes, cierto?

Yo: eehh... no... los carabineros SE VISTEN de verde... no SON verdes.. no existe la gente verde...


Max: Cómo? Y Hulk?


Yo:..................................¬¬

jueves, 21 de junio de 2012

El Globo





Hoy te dejé en tu colegio como todos los días. Ya no llegas retraído y ensimismado, no, ahora llegas contento, alegre, motivado y feliz de ver a tus compañeros, a tu profesora, orgulloso de tener tu espacio, tu ambiente y tu lugar, donde perteneces y donde sientes que formas parte.
Me siento tan orgullosa al verte sonreír, satisfecho de poder ser tú mismo. Hay, ciertamente, muchas cosas que no hemos logrado pero para eso hay mucho tiempo y confianza, en que haremos este y todos aquellos trabajos juntos, como siempre ha sido.
Sin embargo hoy sucedió algo especial. Hoy descubrí muy temprano que tengo en ti una joya que comienza a pulirse tan lentamente pero con mucha seguridad. Nunca como padres nos detenemos a pensar en este tipo de detalles pero hoy me tocó el turno y realmente esto hizo de mi día un día mucho mejor.
Hablamos con tu profesora de tus múltiples talentos, de tus grandes virtudes y también, por qué no, de algunas de tus debilidades. Te cuesta un poco defenderte cuando algún compañero te molesta o te pasa a llevar. Si bien me preocupa, tengo fé en que de a poco lograremos mejorar ese aspecto de tu personalidad. Ya veremos. Pensaba en eso cuando tu profesora agregó que un día, a pesar de tu conducta intachable, fuiste acusado por tu mejor amigo. Tu culpa había sido, quitarle un globo. La profesora, muy extrañada, solamente te miró, esperando una explicación ante tu comportamiento atípico. Dijo que no habías dicho nada, solamente la miraste con esos ojos grandes tuyos llenos de ansiedad… para luego sacar la voz y decir: LE QUITÉ UN GLOBO PORQUE TENÍA DOS, Y MI AMIGA MARTINA NO TENIA NINGUNO ASÍ QUE SE LO DÍ A ELLA.
Sentí una mezcla de cosas. Primero, por supuesto, orgullo. Eres empático, generoso y caballero. Un príncipe gentil que es tan galante que ayuda a su amiga en apuros. Lo tomé con humor. Sin embargo me atravesó una pequeña espinita, al pensar en que defiendes a otros pero no puedes defenderte a ti mismo. Mi culpa. También yo en mi vida he permitido tantas veces ser pasada a llevar sin hacer nada al respecto, y lo peor de todo, ante tus ojos.
Así que hoy he reafirmado mi convicción de que ser tu madre es mucho más que alimentarte, bañarte, jugar y mantenerte seguro. Es tan grande mi tarea, tener que formar tu persona, tu carácter, darte las herramientas para ser en el futuro todo un hombre. Pero cómo puedo enseñarte todo eso si ni siquiera yo misma lo he conseguido para mí? Con qué propiedad puedo yo decirte que debes defenderte si yo misma no me defiendo?  Cómo traspasarte esa fuerza para imponerte ante un adversario y hacerte valer, cuando cada día siento que la pierdo? Cómo ayudarte a entender que necesito que aprendas a pararte solo?
Como madre estoy llena de miedos, el primero y más grande siempre es que algo malo te pase. El segundo, no estar para ti. El tercero es que un buen día me reproches mis errores. Y entonces temo que me digas “y cómo tú?” y no poder responder con la verdad. Sigo pensando todos los días, en que si lo estoy haciendo bien, siempre podría hacerlo mejor…
Te amo hijo y estoy orgullosa de ti.


lunes, 18 de junio de 2012

Tarde de lluvia


Bajo la lluvia corrimos los dos, apuraditos a comprar al supermercado todo lo necesario para hacer un pastelito, algo fácil en lo cual pudieras participar. He aquí la receta de nuestro pastel de manjar (no diré el verdadero nombre que le pusimos jajajaja)

2 Paquetes de galletas de soda
1/2 kilo de Manjar
Crema espesa
Leche * (opcional)
Papel Alusa

Juntos nos sentamos a moler las galletas con las manos. Una vez que terminamos con eso, pusimos en una olla mediana el manjar y la crema a gusto. Max batió muy entusiasmado hasta que logramos un manjar más diluído y cremoso. A veces se puede agregar un poco de leche a la mezcla, para que quede más líquido.
Luego mezclamos las galletas molidas con el manjar. Max revolvió muy bien, pero tuve que pedirle que abandonara la misión porque más comía que revolvía...
Una vez lista la "masa" se forra una fuente con el papel Alusa y luego se pone todo ahí y se mete al congelador.
Cuando ya esté congelado, se saca, se voltea la fuente y se retira el papel. Y LISTO!!! A comer... ;)
Esta es una actividad entretenida, simple y fácil para una tarde de lluvia. Además le fomento a mi hijo el gusto por las actividades culinarias. Algún día me lo agradecerá su mujer jajajaja
TE AMO HIJO!!!!!!! ;)