miércoles, 27 de agosto de 2008

Pegado a mí

Por 14 meses estuviste pegado a mí. Desde que llegaste al mundo hasta que decidiste que ya no necesitabas más. Fue una de las experiencias más enriquecedoras que he vivido contigo, mi pequeño, darte tu alimento vital, mi leche, tu leche.
Sentirte cerca, acudir a tus llamados, nutrirte, mirarnos, abrazarte, pasar las noches juntos, pegados, solos tú y yo.
Cuando lo dejaste me sentí un poco triste... pero a la vez feliz. Una etapa más se había cumplido naturalmente. Por mí hubiera durado un poco más, pero tú mandas en estos avatares...
Darte de mamar fue una cosa de otro mundo. Me hiciste sentir tan importante, valiosa y mucho más, porque alimentarte con lo que yo misma producía era una tarea potente, llena de compromisos que había que cumplir, desde cuidar mi alimentación hasta abandonar mis vicios, pasando por los desvelos y el "qué dirán". Y todo por y para tí.
No hay nada más sublime en este mundo que las miradas y las sonrisas que me regalaste mientras tomabas tu teta, tu "pechito" como le llamábamos. La teta era más que tu alimento, era tu consuelo, tu alegría, tu bendición, un líquido vivo lleno de amor que fabriqué con cuidado y sabiduría milenaria, la herencia que deposité en tu cuerpo y que, como dicen, es un regalo para toda la vida. Un regalo para tí, pero también para mí. Gracias por darme ese regalo.

domingo, 24 de agosto de 2008

Tu hijo es una buena persona

Por: Carlos González, Pediatra español, autor del libro Bésame mucho

Cuando una esposa afirma que su marido es muy bueno, probablemente es un hombre cariñoso, trabajador, paciente, amable... En cambio, si una madre exclama "mi hijo es muy bueno", casi siempre quiere decir que se pasa el día durmiendo, o mejor que "no hace más que comer y dormir" (a un marido que se comportase así le llamaríamos holgazán). Los nuevos padres oirán docenas de veces (y pronto repetirán) el chiste fácil: "¡Qué monos son... cuando duermen!" Y así los estantes de las librerías, las páginas de las revistas, las o­ndas de la radio, se llenan de "problemas de la infancia": problemas de sueño, problemas de alimentación, problemas de conducta, problemas en la escuela, problemas con los hermanos... Se diría que cualquier cosa que haga un niño cuando está despierto ha de ser un problema.Nadie nos dice que nuestros hijos, incluso despiertos (sobre todo despiertos), son gente maravillosa; y corremos el riesgo de olvidarlo. Aún peor, con frecuencia llamamos "problemas", precisamente, a sus virtudes.

Tu hijo es generoso
Marta juega en la arena con su cubo verde, su pala roja y su caballito. Un niño un poco más pequeño se acerca vacilante, se sienta a su lado y, sin mediar palabra (no parece que sepa muchas) se apodera del caballito, momentáneamente desatendido. A los pocos minutos, Marta decide que en realidad el caballito es mucho más divertido que el cubo, y lo recupera de forma expeditiva. Ni corto ni perezoso, el otro niño se pone a jugar con el cubo y la pala. Marta le espía por el rabillo del ojo, y comienza a preguntarse si su decisión habrá sido la correcta. ¡El cubo parece ahora tan divertido!Tal vez la mamá de Marta piense que su hija "no sabe compartir". Pero recuerde que el caballito y el cubo son las más preciadas posesiones de Marta, digamos como para usted el coche. Y unos minutos son para ella una eternidad. Imagine ahora que baja usted de su coche, y un desconocido, sin mediar palabra, sube y se lo lleva. ¿Cuántos segundos tardaría usted en empezar a gritar y a llamar a la policía? Nuestros hijos, no le quepa duda, son mucho más generosos con sus cosas que nosotros con las nuestras.

Tu hijo es desinteresado
Sergio acaba de mamar; no tiene frío, no tiene calor, no tiene sed, no le duele nada... pero sigue llorando. Y ahora, ¿qué más quiere?La quiere a usted. No la quiere por la comida, ni por el calor, ni por el agua. La quiere por sí misma, como persona. ¿Preferiría acaso que su hijo la llamase sólo cuando necesitase algo, y luego "si te he visto no me acuerdo"? ¿Preferiría que su hijo la llamase sólo por interés?El amor de un niño hacia sus padres es gratuito, incondicional, inquebrantable. No hace falta ganarlo, ni mantenerlo, ni merecerlo. No hay amor más puro. El doctor Bowlby, un eminente psiquiatra que estudió los problemas de los delincuentes juveniles y de los niños abandonados, observó que incluso los niños maltratados siguen queriendo a sus padres.Un amor tan grande a veces nos asusta. Tememos involucrarnos. Nadie duda en acudir de inmediato cuando su hijo dice "hambre", "agua", "susto", "pupa"; pero a veces nos creemos en el derecho, incluso en la obligación, de hacer oídos sordos cuando sólo dice "mamá". Así, muchos niños se ven obligados a pedir cosas que no necesitan: infinitos vasos de agua, abrir la puerta, cerrar la puerta, bajar la persiana, subir la persiana, encender la luz, mirar debajo de la cama para comprobar que no hay ningún monstruo... Se ven obligados porque, si se limitan a decir la pura verdad: "papá, mamá, venid, os necesito", no vamos. ¿Quién le toma el pelo a quién?

Tu hijo es valiente
Está usted haciendo unas gestiones en el banco y entra un individuo con un pasamontañas y una pistola. "¡Silencio! ¡Al suelo! ¡Las manos en la nuca!" Y usted, sin rechistar, se tira al suelo y se pone las manos en la nuca. ¿Cree que un niño de tres años lo haría? Ninguna amenaza, ninguna violencia, pueden obligar a un niño a hacer lo que no quiere. Y mucho menos a dejar de llorar cuando está llorando. Todo lo contrario, a cada nuevo grito, a cada bofetón, el niño llorará más fuerte.Miles de niños reciben cada año palizas y malos tratos en nuestro país. "Lloraba y lloraba, no había manera de hacerlo callar" es una explicación frecuente en estos casos. Es la consecuencia trágica e inesperada de un comportamiento normal: los niños no huyen cuando sus padres se enfadan, sino que se acercan más a ellos, les piden más brazos y más atención. Lo que hace que algunos padres se enfaden más todavía. Si que huyen los niños, en cambio, de un desconocido que les amenaza.Los animales no se enfadan con sus hijos, ni les riñen. Todos los motivos para gritarles: sacar malas notas, no recoger la habitación, ensuciar las paredes, romper un cristal, decir mentiras... son exclusivos de nuestra especie, de nuestra civilización. Hace sólo 10.000 años había muy pocas posibilidades de reñir a los hijos. Por eso, en la naturaleza, los padres sólo gritan a sus hijos para advertirles de que hay un peligro. Y por eso la conducta instintiva e inmediata de los niños es correr hacia el padre o la madre que gritan, buscar refugio en sus brazos, con tanta mayor intensidad cuanto más enfadados están los progenitores.

Tu hijo sabe ceder
Jordi duerme en la habitación que sus padres le han asignado, en la cama que sus padres le han comprado, con el pijama y las sábanas que sus padres han elegido. Se levanta cuando le llaman, se pone la ropa que le indican, desayuna lo que le dan (o no desayuna), se pone el abrigo, se deja abrochar y subir la capucha porque su madre tiene frío y se va al cole que sus padres han escogido, para llegar a la hora fijada por la dirección del centro.Una vez allí, escucha cuando le hablan, habla cuando le preguntan, sale al patio cuando le indican, dibuja cuando se lo ordenan, canta cuando hay que cantar. Cuando sea la hora (es decir, cuando la maestra le diga que ya es la hora) vendrán a recogerle, para comer algo que otros han comprado y cocinado, sentado en una silla que ya estaba allí antes de que él naciera.Por el camino, al pasar ante el quiosco, pide un "Tontanchante", "la tontería que se engancha y es un poco repugnante", y que todos los de su clase tienen ya. "Vamos, Jordi, que tenemos prisa. ¿No ves que eso es una birria?" "¡Yo quiero un Totanchante, yo quiero, yo quiero...!" Ya tenemos crisis.Mamá está confusa. Lo de menos son los 20 duros que cuesta la porquería ésta. Pero ya ha dicho que no. ¿No será malo dar marcha atrás? ¿Puede permitir que Jordi se salga con la suya? ¿No dicen todos los libros, todos los expertos, que es necesario mantener la disciplina, que los niños han de aprender a tolerar las frustraciones, que tenemos que ponerles límites para que no se sientan perdidos e infelices? Claro, claro, que no se salga siempre con la suya. Si le compra ese Tontachante, señora, su hijo comenzará una carrera criminal que le llevará al reformatorio, a la droga y al suicidio.Seamos serios, por favor. Los niños viven en un mundo hecho por los adultos a la medida de los adultos. Pasamos el día y parte de la noche tomando decisiones por ellos, moldeando sus vidas, imponiéndoles nuestros criterios. Y a casi todo obedecen sin rechistar, con una sonrisa en los labios, sin ni siquiera plantearse si existen alternativas. Somos nosotros los que nos "salimos con la nuestra" cien veces al día, son ellos los que ceden. Tan acostumbrados estamos a su sumisión que nos sorprende, y a veces nos asusta, el más mínimo gesto de independencia. Salirse de vez en cuando con la suya no sólo no les va hacer ningún daño, sino que probablemente es una experiencia imprescindible para su desarrollo.

Tu hijo es sincero
¡Cómo nos gustaría tener un hijo mentiroso! Que nunca dijera en público "¿Por qué esa señora es calva?" o ¿Por qué ese señor es negro?" Que contestase "Sí" cuando le preguntamos si quiere irse a la cama, en vez de contestar "Sí" a nuestra retórica pregunta "¿Pero tú crees que se pueden dejar todos los juguetes tirados de esta manera?"Pero no lo tenemos. A los niños pequeños les gusta decir la verdad. Cuesta años quitarles ese "feo vicio". Y, entre tanto, en este mundo de engaño y disimulo, es fácil confundir su sinceridad con desafío o tozudez.

Tu hijo es buen hermano
Imagínese que su esposa llega un día a casa con un guapo mozo, más joven que usted, y le dice: "Mira, Manolo, este es Luis, mi segundo marido. A partir de ahora viviremos los tres juntos, y seremos muy felices. Espero que sabrás compartir con él tu ordenador y tu máquina de afeitar. Como en la cama de matrimonio no cabemos los tres, tú, que eres el mayor, tendrás ahora una habitación para tí solito. Pero te seguiré queriendo igual". ¿No le parece que estaría "un poquito" celoso? Pues un niño depende de sus padres mucho más que un marido de su esposa, y por tanto la llegada de un competidor representa una amenaza mucho más grande. Amenaza que, aunque a veces abrazan tan fuerte a su hermanito que le dejan sin aire, hay que admitir que los niños se toman con notable ecuanimidad.

Tu hijo no tiene prejuicios
Observe a su hijo en el parque. ¿Alguna vez se ha negado a jugar con otro niño porque es negro, o chino, o gitano, o porque su ropa no es de marca o tiene un cochecito viejo y gastado? ¿Alguna vez le oyó decir "vienen en pateras y nos quitan los columpios a los españoles"? Tardaremos aún muchos años en enseñarles esas y otras lindezas.

Tu hijo es comprensivo
Conozco a una familia con varios hijos. El mayor sufre un retraso mental grave. No habla, no se mueve de su silla. Durante años, tuvo la desagradable costumbre de agarrar del pelo a todo aquél, niño o adulto, que se pusiera a su alcance, y estirar con fuerza. Era conmovedor ver a sus hermanitos, con apenas dos o tres años, quedar atrapados por el pelo, y sin gritar siquiera, con apenas un leve quejido, esperar pacientemente a que un adulto viniera a liberarlos. Una paciencia que no mostraban, ciertamente, con otros niños. Eran claramente capaces de entender que su hermano no era responsable de sus actos.Si se fija, observará estas y muchas otras cualidades en sus hijos. Esfuércese en descubrirlas, anótelas si es preciso, coméntelas con otros familiares, recuérdeselas a su hijo dentro de unos años ("De pequeño eras tan madrugador, siempre te despertabas antes de las seis...") La educación no consiste en corregir vicios, sino en desarrollar virtudes. En potenciarlas con nuestro reconocimiento y con nuestro ejemplo.

La semilla del bien
Observando el comportamiento de niños de uno a tres años en una guardería, unos psicólogos pudieron comprobar que, cuando uno lloraba, los otros espontáneamente acudían a consolarle. Pero aquellos niños que habían sufrido palizas y malos tratos hacían todo lo contrario: reñían y golpeaban al que lloraba. A tan temprana edad, los niños maltratados se peleaban el doble que los otros, y agredían a otros niños sin motivo ni provocación aparente, una violencia gratuita que nunca se observaba en niños criados con cariño. Oirá decir que la delincuencia juvenil o la violencia en las escuelas nacen de la "falta de disciplina", que se hubieran evitado con "una bofetada a tiempo". Eso son tonterías. El problema no es falta de disciplina, sino de cariño y atención, y no hay ningún tiempo "adecuado" para una bofetada. Ofrézcale a su hijo un abrazo a tiempo. Miles de ellos. Es lo que de verdad necesita.

miércoles, 20 de agosto de 2008

Peter Pan


Cuando yo tenía 12 años, nació mi primera hermana. Tuve el honor de ponerle el nombre que yo quisiera y la llamé María Jesús, pero tú la conoces como tu tía Cocó. Desde un comienzo sentí una gran curiosidad por esta bebita rosada que lloraba sin parar, la recuerdo tan despierta, tan viva... una muñeca de verdad pero con la cual no podía jugar como con mis otras muñecas. No se me permitía tocarla mucho al principio pues mi madre, tu abuela Luly, estaba muy nerviosa ya que "había olvidado" su trainning como madre y se sentía primeriza. Con el paso del tiempo me fui acercando más y más a tu tía Cocó. Pasábamos largas mañanas alimentando palomas en la calle, con migas de pan que robábamos del desayuno. Era tan increíble tu tía, no le tenía miedo a las palomas!! Se le subían encima y comían de su mano. Ella tenía sólo 2 años, un poquito más grande de lo que eres tú ahora. Siempre fue temeraria, valiente, atrevida y muy inquieta, no le tenía miedo a casi nada y hasta hoy es capaz de vivir aventuras adrenalínicas que la llenan por dentro, le dan vigor y la hacen muy feliz.
Pero ella no siempre fue feliz. Cuando era muy pequeña, toda la familia se mudó a la casa de la Memé. Allí vivimos poco tiempo, unos 3 meses más o menos. Poco tiempo. Pero se sintió como una eternidad en el infierno. No voy a contarte ahora los detalles porque no vale la pena revolver en esas aguar turbias, pero te prometo que cuando seas mayor te lo explicaré todo, de esa manera entenderás el origen de muchas cosas que hoy suceden en la familia.
En esos tres meses la Cocó y yo aprendimos que siempre, a pesar de las circunstancias, nos tendríamos la una a la otra, y como una cofradía, guardamos en nuestros corazones el gran secreto de lo que allí vivimos y sentimos, y que hasta hoy nos hace llorar. Pero también en esos tres meses, nos unimos en la felicidad de sabernos hermanas, porque fue allí que logré asumirla ya no como mi muñeca, si no como alguien a quien amaba por que sí, no había razones, sólo amor. Conmigo ella aprendió a cantar noche de pazzz (sí, con hartas zzz) y con ella yo aprendí que existía la empatía cuando ella corría a besarme y acompañarme cuando tu abuelita me retaba.
Cuando ella fue más grande, yo la iba a buscar al colegio. Y le compraba pizzas y dulces y la llevaba en micro a la casa y nos reíamos de los bigotes de los señores que subían al bus. Cantábamos Mazapán y jugábamos con la Coca, nuestra perrita.
En algún momento se me empieza a nublar la historia. Yo tenía novio. Yo estaba estudiando mucho. Yo tenía mil amigos y mucha vida social, paseos, fiestas. Yo estaba ocupada. Yo, yo, yo... el puto EGO y la dejé sola. Todos la dejamos sola. Entonces ella se mudó a otro mundo, donde existían piratas, niños que volaban y ella era Peter Pan, ese personaje de cuento que se negaba a crecer y que tenía problemas con su sombra. Y se vestía rara, hablaba cosas raras, y nunca estaba quieta. Yo la encontraba realmente odiosa y a veces le gritaba para que se fuera de mi pieza y muchas veces le pegué para que me dejara tranquila. Pero ella no hacía nada malo en verdad, sólo quería contarme sus aventuras y estar conmigo. Pero yo estaba ocupada. Tu abuela Luly estaba ocupada, estaba esperando a tu tía Carito. Tu tata Tito estaba ocupado también, con sus negocios de pollos y sus libros y sus cigarros. La Cocó, entonces, estaba realmente sola en la casa, pero en su mundo estaba acompañada de hadas Campanita y de niños que no querían crecer, tal como ella. Pero llegó el momento en que se volvió insoportable, desconectada y dispersa y tus abuelos la llevaron al doctor. El doctor dijo que estaba enferma y le dieron una pastillita mágica que la hacía estar tranquila y ya no molestaba tanto. Dormía mucho más, estudiaba mejor y ya no había quejas del colegio, supongo...
La Cocó creció, inevitablemente. Y Peter Pan se fue para siempre.
Cuando la volví a ver, años después, estaba muy bien. Ya no tomaba la pastillita mágica. Se había convertido en una niña "normal", muy sobresaliente en sus estudios, con montones de amigos reales, novio, y muchas actividades. Una niña que nunca llora, que no muestra debilidades y que no acepta el fracaso por que es muy exigente consigo misma. Pasaba cada vez menos tiempo en la casa y, como yo alguna vez lo fui, se convirtió en una persona "ocupada" que no tenía tiempo para jugar y compartir con sus hermanitas menores, también mis hermanas, tus tías.
Su amor por la música, su fuerte carácter, el deporte y las cosas extremas que la hacen sentir esa adrenalina que la "llena" y que la hace adicta a "no estarse quieta" eran, a ojos de los demás, buenas cualidades que la convertían en un ejemplo, en un logro para tus abuelos, que inocentemente piensan hasta hoy como el fruto de la buena desición de drogarla y disciplinarla "a tiempo". Yo sólo veo a través de sus ojos brillantes a Peter Pan, que sigue vivo, pero agazapado en las sombras, que no se asoma ni en su voz ni en sus juegos, si no que se transformó en dolores de espalda y en espinillas que no se van con ningún tratamiento, y que no se irán hasta que tu pobre tía se de cuenta de que ella nunca fue mala, ni loca, ni anormal... si no todo lo contrario!! Es necesario que ella comprenda que nada era su culpa, que no era su deber sostenernos a los que éramos más grandes. Ella necesita liberarse de muchas cargas que no le corresponden, tiene que abrirle la puerta a los demonios y debe dejarlos ir. Y llorar. Sentir la pena, vivirla, superarla y seguir su camino.
Yo creo que el único que realmente hoy la ama y la acepta de verdad eres tú, que con tu inocencia y tu pureza, pudiste ver en ella a la niña inquieta incomprendida. Y la amas tal cual. Yo la amo mucho también, pero desde un lugar oscuro y tenebroso donde reina la culpa le grito y le imploro que me perdone, por no haberla comprendido, por no haberla escuchado, por no haber jugado más con ella, por dejarla sola, por no protegerla, por no haberle creído que ella, en realidad, era un personaje fantástico, un ser de cuento, un ser que no era de este mundo.
La tía loca que conociste, la que te llevaba en sus hombros, la que te hacía infinitas cosquillas, la que te llevaba a su pieza y te dejaba jugar con el ratón ("el pájaro"), la única que se metió contigo al lago, la que te llevaba en brazos, lejos, a caminar, al parque, a la granja de canguros, a su colegio, la que te daba vueltas en el aire, esa es tu tía Cocó. Contigo se mostró verdadera, honesta, niña... a tí, y sólo a tí, te mostró que ella, en realidad, con y sin pastilla y a pesar de todo lo que hicimos para apagarla, sigue siendo Peter Pan.

martes, 19 de agosto de 2008

Un alto en el camino

Voy a copiar un texto muy revelador que saqué del libro de Laura Gutman Crianza, violencias invisibles y adicciones y que usaré después para explicarte algunas cosas sobre dos personas muy importantes en tu vida: tu padre, Rodrigo, y tu tía mayor, María Jesús.

El famoso ADD y la medicación psiquiátrica
La sigla "ADD" proviene de las iniciales en inglés de attention deficit disorders y pertenece a la gama de desabilities, como el síndrome ADHD, iniciales en inglés de attention deficit/hiperactivity disorder. En buen criollo, son niños que no pueden concentrarse en una sola actividad, que se dispersan y que necesitan mover el cuerpo. Personalmente, creo que eso es lo que define a un niño. Pero son cada vez más frecuentes los diagnósticos de "ADD" y los padres deambulan por consultorios de pediatras, neurólogos y psicólogos tratando de hallar una "solución". Claro que la ansiada "solución" no está en los niños, sino en la posibilidad de cambiar nuestra mirada y de darles a los niños una propuesta educativa acorde con la realidad emocional de cualquier niño sano.
El niño manifiesta el síntoma, principalmente, de la dinámica familiar. A veces es tan compleja la trama vincular dentro de la familia, hay tantas tensiones, culpas, quejas, insatisfacciones y enojos, que el niño "no puede concentrarse" porque está atento a innumerables conflictos emocionales. A veces está pendiente de sostener la depresión de su madre o permanece alerta ante los movimientos que presagian una pelea conyugal o simplemente le preocupa la fragilidad emocional de su mamá, aunque nadie más se de cuenta de esto. La situación empeora cuando el niño "no sabe de qué se trata". Porque sus padres no lo han conversado honestamente con él o, más frecuentemente, porque los mismos padres no se comprenden a sí mismos ni traducen las dinámicas que ellos generan en los vínculos. Entonces no saben qué es lo que tienen para transmitirle al niño. Desde ya, no relacionan la supuesta hiperkinesis del niño con la desprolijidad y el desorden que reinan en la vida cotidiana.
A esta situación, hay que agregarle las larguísimas horas que un niño naturalmente movedizo tiene que pasar "quieto" en la escuela, donde la única instancia que no ha perdido libertad es la imaginación, que lo traslada a una realidad emocional mucho más placentera que su vivencia cotidiana. Entonces, mientras su cuerpo queda atrapado, la imaginación y la fantasía se despliegan... hasta que el cuerpo no aguanta más y va detrás de esos sueños.
Durante la clase de ciencias, el niño se ha perdido en su mundo mágico. Su cuerpo se desplegó del lugar físico y acompaña la fantasía, olvidando realmente lo que sucede a su alrededor. Esta situación no es necesariamente placentera para el niño obligado a desprenderse de la realidad, ya que ésta le resulta extremadamente hostil, emocionalmente hablando. Insisto en este punto porque puede no suceder nada visiblemente perturbador. Es imperceptible para quienes -desde la realidad concreta- soportan a un niño distraído, inquieto y movedizo.
La "solución" que las personas grandes anhelamos es que este niño "aprenda" a portarse bien, quedarse quieto, concentrarse y no molestar. El problema es que este niño tiene su campo emocional totalmente inundado de preocupaciones y no es factible para él desprenderse de todas estas sensaciones confusas y a veces aterradoras. Entonces escapa, se mueve, corre, se oculta, regresa, sube, baja, se ríe, piensa, fabula, inventa, come, cuenta un chiste o molesta a sus compañeros.
Es obvio que para ayudar a un niño a entrar en relación suave con su entorno, ese entorno tiene que ser dulce y placentero, no sólo en el mundo concreto, sino también en su mundo sutil. Para esto será necesario conocer la realidad emocional de la mamá y de las otras personas que entran en el terreno vincular del niño en cuestión. Y trabajar conjuntamente para tomar en cuenta todo lo que el niño siente, pero que nadie sabe que siente. Entonces, cualquier desición será en beneficio de todos. Sabemos que no es así como estamos encarando el "problema de los niños ADD".
Quiero recalcar que no considero que éste sea un "problema", es apenas un síntoma que nos puede dar pistas interesantes sobre un funcionamiento familiar determinado. De cualquier modo, la mayoría de los niños terminan medicados por los neurólogos con "tranquilizantes" para alegría de los maestros y de los padres, que al fin van a poder descansar de tanto bullicio y descontrol.
¡Y funciona! Es obvio que si le limitamos la vitalidad, el niño se moverá menos, se apaciguará, tendrá menos energía y, por lo tanto, estará más quieto. Medicado con tranquilizantes, ya no cuenta con suficiente fortaleza para perseguir la fantasía que lo mantenía creativo y vital. Tampoco le resta voluntad para escaparse del sufrimiento emocional que lo devora, o de la soledad en la que se encuentra. Los grandes estamos más tranquilos con el diagnóstico porque nos da una "respuesta" al problema... y no tenemos que preguntarnos nada más. Es el niño que es "ADD", nosotros no tenemos nada que ver. Pero el niño, con el tiempo, retomará fuerzas y desplazará su pedido desesperado hacia algún otro síntoma factible de manifestar. Apenas alcance los once o doce años, la apatía y el desinterés serán tolerados porque "entró en la edad del pavo" o porque "ya se acerca la adolescencia". Pero los adultos seguiremos perdiéndonos la posibilidad de preguntarnos dónde se alojan los sueños que ya no soñamos. [Gutman, pp. 201-203]

lunes, 18 de agosto de 2008

Pariremos con placer


"¿Qué hace sufrir a la mujer que da a luz?...
La mujer sufre debido a las contracciones...
Unas contracciones que no acaban nunca y que hacen un daño
atroz
¡pero eso son calambres!
Todo lo contrario de las ’contracciones adecuadas’
¿Qué es un calambre?
Una contracción que no cesa,
que se crispa y se niega a soltar su presa
y, por tanto, no ‘afloja su garra’,
para transformarse en su contrario:
la relajación en la que normalmente desemboca.
En otras palabras,
lo que hasta ahora se había tomado por
‘contracciones adecuadas’
eran contracciones altamente patológicas
y de la peor calidad,
¡Qué sorpresa!
¡Qué revelación!
¡Qué revolución en ciernes!"


Cita de Leboyer en el libro Pariremos con placer, de Casilda Rodrigáñez.
Me cuesta mucho volver al momento de tu nacimiento. Tengo lagunas mentales severas, no recuerdo algunas cosas y, lamentablemente para nosotros dos, lo único que SÍ recuerdo es la total desconexión que sentí: yo pujaba, yo me esforzaba, pero no sentía mi propio cuerpo. Dormida como estaba, de la cintura hacia abajo, con náuseas, sed, y la fatal confusión de "no saber qué pasa", por que nadie le informa a una parturienta lo que sucede con SU parto, no me quedaba otra que leer en las miradas de los demás lo que estaba pasando. Si abrían mucho los ojos, era malo. Si las miradas se distendían, había relajo. Sólo veía OJOS, pues todos llevaban verdes mascarillas. Incluso tu padre, a quién si no fuera por su aro en la ceja, no hubiese reconocido entre tanto personaje forrado de "verde pabellón". Todas las personas que participaron de nuestro parto eran buenas personas. Gente con maravillosas intenciones, que me permitieron vivir un parto lo más natural posible (apartando la sobredosis de anestesia, que yo misma pedí) y que no me sometieron a la humillación de vaciados intestinales, rasurados vaginales innecesarios y que hicieron todo lo posible por esperar y respetar tus tiempos y jamás mencionaron la palabra cesárea.
Sin embargo yo, a pesar de todo ese apoyo recibido, igual fui cobarde. Y pedí anestesia. Y mucha. Y cuando llegó el momento de tu llegada estábamos tan dormidos los dos que no pasaba nada, no se desencadenaba esa fiesta de contracciones naturales y sudores y caras arrugadas que tantas veces vi en las películas y el discovery home and health. Simplemente no sentía nada. Sé que de eso ya te he hablado mucho, pero es que necesito revivirlo día a día, para superarlo. Es difícil deshacerse de la culpa.
Quiero contarte aquí estas historias de otras mujeres que han parido sin anestesia y que han tenido partos exitosos y han podido conectarse con sus hijos inmediatamente, facilitando de esta manera el apego y asegurando una lactancia exitosa. El asunto del dolor, al leer estas historias, al contrario de lo que se podría pensar, no me espanta si no que me alienta a desear con más fuerza un parto natural. Ojalá algún día puedas perdonarme por haber sido tan cobarde...
"Mi primer embarazo fue maravilloso, no tuve ningún problema, pero un día, sin motivo alguno, sólo para ajustar sus horarios, el doctor sugirió una inducción. Además, se llevaron a la guagua y no me la trajeron hasta siete horas después, la matrona insistió tanto en ponerme anestesia que al final le dije que bueno y sentí que nuevamente me había dejado embaucar. Por eso, cuando quedé esperando a mi tercer hijo, busqué un equipo médico que apoyara mi deseo de participar activamente en la situación. Como a los ocho centímetros de dilatación me descontrolé y empezé a gritar pidiendo anestesia, pero mi marido me convenció de que aguantara porque ya estaba lista. Creí que me moría de dolor, pero me concentré, volví en mí, me puse a pujar, me fui caminando al pabellón y me encuclillé. Cuando nació mi hijo me lo pusieron inmediatamente en el pecho, sin siquiera cortar el cordón. Luego se lo pasaron a mi marido, que estuvo mucho rato a solas con él. Diego nació con los ojos abiertos y sentí que al venir al mundo de esta forma caía suavecito. Un parto así te da seguridad, hace que te conozcas mejor y que aprendas sobre tus reacciones. Volvería a parir así de todas maneras."
Gabriela, 33 años, tres hijos.
"Cuando se desencadenó el parto, yo me quedé en mi casa y vino la matrona. Tomamos tecito y no nos fuimos a la clínica hasta que estuve de seis centímetros de dilatación. En la clínica me metí al jacuzzi. Eso fue un placer, estuve ahí hasta los ocho centímetros y de dolor hubo poco y nada. Sólo estábamos nosotros tres en la sala de preparto y eso fue lo que más me ayudó, porque lo que estaba pasando era normal y no una enfermedad. Durante las últimas contracciones me comenzó a doler y me descontrolé un poquito, pero me ayudó mi marido. Luego nos fuimos a pabellón, me puse en cuclillas, sentí una necesidad clarísima de pujar y nació Paloma. Estuvimos con la niña todo el tiempo en la habitación. Nunca en mi vida había estado tan cansada aunque al mismo tiempo tenía muchísima energía. La verdad, pensé que me iba a doler más y, cuando tenga otro hijo, no tengo dudas de que lo voy a tener con el mismo equipo y de la misma manera."
Erica, 30 años, una hija.
"Mi primer embarazo fue de mellizos y a pesar de que lo único que quería era tener un parto natural, me hicieron cesárea. Ni siquiera me planteé que mi próximo parto volviera a ser cesárea, tenía tantas ganas de que fuera natural, que comenzé a asistir a los cursos muy precozmente, a los dos meses de embarazo. Cuando comenzaron las contracciones, me vine tranquilamente a Santiago (yo vivo en el campo). Llegué con contracciones cada cinco minutos, con ocho centímetros de dilatación y con el cuello casi borrado, así es que no alcancé a llegar al pabellón y tuve a la guagua medio sentada en la sala de preparto. A las dos horas pude pararme y me sentí regio, totalmente enchufada con mi hija y con posesión de todas mis facultades, de todos mis sentidos. Muy distinto de lo que viví con mi cesárea. En este parto sentí que yo seguía siendo yo."
Nicole, 34 años, tres hijos.
Fuente testimonios: Revista Paula.

viernes, 15 de agosto de 2008


"Los niños dejan de ser niños cuando está llegando a su fin la fusión emocional, como modo de vincularse con el mundo, y se van convirtiendo en seres separados."

Laura Gutman, en Crianza, violencias invisibles y adicciones.


Siempre escuche EL consejo que me daban todos: Kathy, duerme porque, una vez que nazca la guagua ya nunca más podrás dormir. Lo que no sabían (u olvidaban) es que no sólo nunca más podria dormir de corrido, si no que nunca más volvería a ser LA MISMA. No recuerdo la última vez que pude ver una película totalmente concentrada, relajada y pendiente sólo de la película y no pensando en que ibas a despertar (pues siempre aprovecho tu sueño para funcionar en otros ámbitos) así como tampoco recuerdo haber hecho ninguna otra actividad con la libertad absoluta que me daba el rol de mujer NO madre.

Una vez escuché a una de mis grandes amigas decir "que necesitaba volver a ser ella misma". Ella había tenido una hija y de pronto se miró en el espejo y no se reconoció, no sólo físicamente si no que toda ella en esencia se había perdido. Bueno, a mí me pasó más o menos lo mismo. Pero yo creo que a toda mujer que se convierte en madre le sucede, claro que sólo algunas tomamos conciencia de este cambio. Yo, en un comienzo, me sentí fatal. Hoy siento que es un estado de gracia.

Y cuál es la gracia? Que hoy pienso en tí, hijo mío, antes que en mí. Aunque a veces mi ego me grita que también tengo derechos ineludibles como descansar o leer o incluso ir al baño tranquila, sin tus pequeños pasitos siguiéndome todo el tiempo. O cuando realmente necesito cocinar y tú quieres jugar...

Algunos de mis deseos pueden esperar. Y creo que, mientras vivas en esta casa será un poco así. No digo que seré tu esclava porque tampoco se trata de eso pero después lo pienso y llego a la conclusión de que en realidad un pequeño ser como tú, que no habla, que no desarrolla aún la empatia, que es muy egocéntrico porque asi son los bebés a tu edad, y que no entiende nada de esta vida... bien necesitas toda mi atención y la satisfacción inmediata de tus deseos porque no conoces otra realidad. Vienes de mi vientre donde todas tus necesidades eran satisfechas en el acto (contención, calor, alimento, ritmo, refugio) y has debido acostumbrarte a esta nueva realidad exterior, donde exigías con todo tu cuerpo y tus llantos, mi amor, mi atención, mis brazos y mi leche (tu leche). El pasaje fue duro, y aunque haya pasado un año y medio desde el momento en que atravesaste ese umbral, aún conservas en tu cabecita y en tu corazón ese deseo de tenerlo todo ahora ya. Y es mi trabajo dártelo. Y he constatado, en este corto período de tiempo en el que has estado conmigo, que mientras van pasando los días y los meses, cada vez eres más capaz de esperar cuando realmente no puedo satisfacer tus necesidades con la inmediatez que requieres. Porque tienes la seguridad de que lo haré, entonces has desarrollado la virtud de esperar un poquito, la misma virtud que he desarrollado yo misma y que me hace vivir tranquilamente tu desarrollo, sin apuros, sin presiones.

Sin duda que pasamos momentos de confusión, de frustración, como cuando no sabía por qué llorabas ni cómo calmarte, cuando no sabía cómo hacerte feliz, me sentí muchas veces sobrepasada, sobreexigida, perseguida y atrapada por tí, sentía que me "succionabas la energia", que no había ya espacio para mi misma en esta relación entre tú y yo... Me sentí sola, confundida y muy perdida, y ingenuamente pensé que la solución era pelear contra tí, y demostrarte quién era la que mandaba, y muchas veces traté de ignorarte, te dejé llorar solo... pero no fui capaz de seguir así. Y entonces agudizé el oído y escuché mi instinto. Abandoné la lucha y comenzé a entregarme, literalmente, a tus deseos. Y todo comenzó a tener sentido.

He aprendido que, si bien he dicho que ser madre es un viaje sin fin, porque sere tu madre toda tu vida, ser tu TODO durara tan poco tiempo, tan solo unos pocos años!! Asi que aprovecho cada momento y me entrego, porque, tarde o temprano, llegara el dia en que mis deseos volveran a ser privilegiados, el dia en que pueda volver a tirarme en el sofa, con un alto de peliculas para ver porque tu estaras en la universidad o con tu novia o en tu propia casa, quizas, con tus propios hijos.

miércoles, 13 de agosto de 2008

Te llevo para que me lleves


Dimos tantos paseos juntos, Max mi pequeño. Te llevaba conmigo, pegado, a caminar y a recorrer el campo, la ciudad, la playa, el mundo. Para tranquilidad de aquellas madres que se dejan abrumar por los "consejos bien intencionados" mi espalda no se enchuecó y no me salió ninguna joroba... Al contrario, me siento hoy más alta, más confiada y mucho, mucho más musculosa...
Fui madre cangura y koala por mucho tiempo, y aunque aún sigues viajando conmigo o con tu padre en brazos, ya no es tu prioridad como antes. Hoy prefieres recorrerlo todo por tí mismo, corriendo, saltando y bailando por todos lados.
Debo confesarte, mi amor, que en un comienzo yo pensaba que estabas más cómodo en tu coche o en tu cuna, pero hoy me siento tan orgullosa de haber escuchado mejor mis instintos (los mismos que me llevaron a investigar hasta encontrar las respuestas que me reconfirmaran que no estaba loca por querer llevarte siempre conmigo) y estoy feliz de haber sembrado en tí la semilla de la confianza, porque hoy estoy ya cosechando el fruto de tu independencia, aunque eso me signifique un pequeño dolor, pero un dolor feliz . Que por qué me duele? Bueno, pues por que cada día que pasa eres menos mi bebé... y llegará el momento en que ya serás todo un hombre y ya no querrás estar más conmigo. Estos pensamientos son muy egoístas, lo sé, pero que venga cualquier otra madre a decirme que jamás los ha tenido!! Pero no eres mío, eres de la vida. Yo sólo tengo que cumplir con mi labor de amarte, dulce labor, y guiarte por el camino. Y así como yo te he llevado en mi vientre y luego en mis brazos, tú me has llevado por el camino de lo desconocido, me has hecho conocer partes de mí que no sabía que existían y has despertado en mi alma lo que estaba dormido, me has llevado al encuentro conmigo misma, con mis más oscuros y felices recuerdos. Hicimos un pacto tú y yo: yo te llevo, para que tú me lleves.

sábado, 9 de agosto de 2008

Una canción con aroma a memorias....




LUNA LUNERA

(Tony Fergó)


LUNA LUNERA, CASCABELERA VE Y DILE A MI AMORCITO POR DIOS QUE ME QUIERA.
DILE QUE NO VIVO DE TANTO PADECER, DILE QUE A SU LADO QUISIERA VOLVER.
LUNA LUNERA CASCABELERA VE Y DILE A MI AMORCITO POR DIOS QUE ME QUIERA.
DILE QUE ME MUERO QUE TENGA COMPASIÓN DILE QUE SE APIADE DE MI CORAZÓN.
AY LUNITA REDONDITA QUE LA ESPUMA DE TU LUZ BAÑÓ MI NOCHE AY LUNITA REDONDITA DILE QUE ME HAS VISTO TU LLORAR DE AMOR.
LUNA LUNERA, CASCABELERA VE Y DILE A MI AMORCITO POR DIOS QUE ME QUIERA DILE QUE ME MUERO QUE TENGA COMPASIÓN DILE QUE SE APIADE DE MI CORAZÓN, DILE QUE SE APIADE DE MI CORAZÓN.


Mi padre, tu Tata Lolo, me dijo hoy que él cantaba esta canción para hacerme dormir cuando yo era chica. Mi mente buceó en el mar de los recuerdos y me ví parada en el asiento de una micro, mirando la luna por la ventana (probablemente veníamos de vuelta de algún lugar entretenido, ya de noche) y cantando a viva voz: LUUUNA LUNEEERA CASCABELEEERAAA..... Y recuerdo a mi madre, tu Mamá Luly, diciéndome SHHHHHH....cállate!! JA! No lo logró, han pasado 30 años y sigo cantando a viva voz, hablando hasta por los codos, y tú, mi querido pequeño de cabello de olas de mar, eres igual. Te prometo intentar, en lo posible, jamás hacerte callar, cantarás todo lo que quieras, cuando quieras, dónde quieras y lo que quieras...

miércoles, 6 de agosto de 2008

Frases célebres

Cuando la vida te presente razones para llorar, demuéstrale que tienes mil y una razones para reír. (Anónimo)

El sabio no dice todo lo que piensa, pero siempre piensa todo lo que dice. (Aristóteles)

Es más fácil negar las cosas que enterarse de ellas. (Mariano José de Larra)

Los cobardes son los que se cobijan bajo las normas. (Jean Paul Sartre)

Todos somos muy ignorantes. Lo que ocurre es que no todos ignoramos las mismas cosas.
(Albert Einstein)

Es propio de hombres de cabezas medianas embestir contra todo aquello que no les cabe en la cabeza. (Antonio Machado)

Los perezosos siempre hablan de lo que piensan hacer, de lo que harán; los que de veras hacen algo no tienen tiempo de hablar ni de lo que hacen. (Goethe)

La violencia es miedo de las ideas de los demás y poca fe en las propias. (Antonio Fraguas Forges)

¿Por qué aguardas con impaciencia las cosas? Si son inútiles para tu vida, inútil es también aguardarlas. Si son necesarias, ellas vendrán y vendrán a tiempo. (Amado Nervo)

lunes, 4 de agosto de 2008

Entrevista a Carlos González

Esta entrevista la conseguí desde los archivos del desaparecido Club de la Teta.

Carlos González: colecho
«Mimar no es malcriar»


Es bueno que los niños duerman en la misma cama que los padres.
Eso es lo que vino a decir el miércoles al CC Sant Oleguer el pediatra barcelonés, partidario del
colecho y autor de «Bésame mucho. Cómo criar a tus hijos con amor», Carlos González Rodríguez, 43.

-El País acaba de publicaba el martes un
artículo muy documentado sobre la
inconveniencia de que los niños duerman en
la misma cama que los padres.
-Lo sé. Está lleno de errores.
-Cuáles.
-Habla de los pediatras Ferber y Lozoff y puedo
asegurarle que Ferber nunca ha estudiado el
co-sleeping o colecho.
-¿Y Lozoff?
-Lozoff sí lo ha investigado y no está en absoluto en contra.
-Dicen que el colecho es norma cultural en algunas civilizaciones.
-En Japón por ejemplo. Lo vemos cada dia en la serie televisiva Shin Chan.
-¿Y duermen mejor los niños japoneses?
-Duermen cuatro veces mejor que los niños americanos de raza blanca.
-¿Cómo se soluciona un problema de sueño infantil?
-Es que el problema de sueño no existe. Si te lo metes en tu cama el niño dueme como un
bendito. El problema sólo existe cuando los padres dicen que existe.

-Pero luego el niño sigue viniendo a la cama de los
mayores.
-¿Y qué? ¿Por qué ha de ser eso un problema?
-Dicen que crea falta de autonomía en el niño.
-El 40% de los niños suecos duermen en la cama de sus
padres y te aseguro que el 40% de los suecos adultos no
sufren falta de autonomía personal. Pero si hasta dicen
que condiciona la talla.
-¿Y no?
-¡Por el amor de Dios! Yo no creo que los suecos sean
bajitos.
-La responsable del sueño del hospital Gregorio
Marañón, Rosa Peraita, hace otra acusación más grave:
«el colecho puede provocar abusos sexuales».
-Otra tontería.
-O sea que no.
-Es como si dijeran que las madres no bañen a sus hijos porque pueden abusar de ellos. Es
absurdo.
-¿Sus hijos durmieron con usted?
-El mayor poquito pobre porque como éramos jóvenes e ignorantes lo pusimos a dormir por
separado y, por supuesto, fue un desastre.
-¿Tiene más?
-Con las dos pequeñas ya no caímos en la trampa, las pusimos en la cama desde el
principio, durmieron la mar de bien y ahora duermen solas. Pero no me gusta hablar de mi
caso personal.
-¿Hasta que edad deben dormir con los padres?
-Hasta que el niño acaba yéndose por sí solo o se deja convencer. Eso pasa a los 3 años, 4,
5...
-¿Le convences con nanas y cuentos?
-Pues sí, pero eso no dura más allá de los 7 años aproximadamente.
-¿El colecho dificulta las relaciones sexuales entre la pareja?
-No porque aunque nuestra cultura asocie mucho cama con sexo, esas dos cosas no tiene
porque ir juntas. El sexo se puede practicar en otros lugares y a otras horas.
-O no.
-Pero es que colecho tampoco significa necesariamente que el niño esté dentro de la
cama, sino también en una cunita al lado o en un colchón al suelo al pie de los padres.
-¿La norma es no dejarles llorar nunca?
-La idea es que los niños nunca lloran para fastidiar. Lloran porque sufren. Y tu, si puedes,
debes aliviar ese sufrimiento.
-Parece lógico.
-Es como si tu llegas a casa y te encuentras a tu mujer llorando desconsoladamente. Será
que le ha pasado algo gordo, ¿no? Intentarás consolarla.
-«Llorar ensancha los pulmones».
-Un tópico extendidísimo. Pero yo jamás he oído a ningún neumólogo recetar el llanto. A
los fumadores les iría muy bien.
-«Este niño sabe arameo».
-Sí y latín. ¿Pero cómo va a fingir el llanto una criatura de seis meses, hombre?
-¿De dónde salen pues esos tópicos?
-Vivimos en una cultura que nos prohibe coger a los niños en brazos, dormirlos en brazos,
meterlos en la cama, acariciarles demasiado, mecerlo, cantarles en la cuna. Nos
prohibimos todo lo agradable.
-Para educarles.
-Pero es que mimar no es malcriar. Son conceptos totalmente distintos.
-O sea que si le da la pataleta histérica en el súper, hemos de comprarle los diez
paquetes de donetes.
-Por supuesto que no. Hay que negarle ciertas cosas, pero se puede hacer con inteligencia,
cariño y distrayendo su atención a otra cosa. Para eso somos mayores que él.
A veces no lo parece...

EL ANTI-ESTIVILL
Los pediatras parece que jueguen a ver
quién publica el libro de más éxito. El
de González es exactamante la antítesis
del método Estivill y su «Duérmete
niño», tan en boga hace pocos años.
«Nuestras contradicciones son
normales, dice González, poque ni él ni
yo hablamos en nombre de la ciencia. Sólo
damos nuestra opinión».
Reconoce que sólo conoce a Estivill de
vista y añade que «no creo que
tengamos que llevarnos mal. Florentino
y Laporta también comen juntos y no
pasa nada».

domingo, 3 de agosto de 2008

Cuando está la luna, sobre el horizonte....

"La única cosa que conocemos de la naturaleza humana es que
cambia."
Oscar Wilde

Una de las cosas que más nos complicaba a tu padre y a mí, era que "no dormías". Como chiste, el pediatra nos preguntó en una ocasión "cuál era tu happy hour"... yo pensaba ¿qué querrá decir con eso? Y claro, el doctor nos explicó que, al comienzo de sus vidas, los bebés tienen horas fijas en las que se ponen muy inquietos y lloran, lloran, lloran. Y no duermen. Y estas horas son, supuestamente, coincidentes con la hora de dormir. Nosotros contestamos que tú llorabas mucho entre las 9 de la noche y las 3 de la mañana.... non stop!

Cometimos, otra vez, muchos errores. Como darte agua de melissa.... o de apio... o incluso dejarte llorar solo en tu cuna. Suerte que eso sucedió sólo una vez y luego me encontré con la respuesta que andaba buscando: tú necesitabas nada más que amor, teta y colecho. Y aunque durante tus primeros 6 meses dormías en una cunita junto a nuestra cama, ya después te pasaste definitvamente a la cama grande, con nosotros. Debo agradecer infinitamente a tu padre por todo su apoyo incondicional, por su ayuda y su paciencia durante "aquellas noches de desvelo", por su comprensión y por ser él el primero en invitarte a compartir nuestra cama.

Muchas madres en este mundo batallan contra la naturaleza de la evolución de sus pequeños, los tratan de adiestrar para que coman, para que duerman y para que hagan lo que debe hacer todo buen niño: portarse bien. Muchas de esas madres luchan contra sus instintos. Tal como en algún momento luché yo misma. Sin embargo, tu padre y yo aprendimos que mientras más te dejábamos a tus anchas, en vez de "malcriarte" te estábamos "biencriando". Tenerte en brazos o a mi lado mientras te amamantaba (y no cada 4 horas como alguien por ahí me mal aconsejó, si no que cuándo y cuánto tú quisieras), sentarme en el suelo contigo para dejarte explorar, hablarte como si en cualquier momento me fueras a responder, explicarte las cosas de la vida y el mundo, cargarte todo el tiempo en brazos para que vieras el mundo con los mismos ojos que yo, y lo más importante: jamás dejarte solo, llorando.

Tus noches fueron caóticas al principio de tus días, lo sé. Pero pronto se "normalizaron". Luego, en la mitad de tu primer año, despertaste en medio de la noche otra vez. Pensé que era un "retroceso" pero gracias otra vez a las buenas lecturas y a la información respetuosa que obtuve, supe que el sueño a esa edad es circadiano, polifásico e inestable*, es decir, aunque ya distinguías y diferenciabas el día de la noche y asociabas ésta última como el momento para dormir, aún no habías evolucionado hacia las fases de sueño que tenemos los adultos (menos que los bebés) y te ibas a despertar muchas veces y esto era completamente normal.

Una vez que comprendí esto, me relajé y sin darme cuenta llegó un momento en que ya no despertabas más por las noches, abandonando incluso las tomas nocturnas... comenzando de este modo un lento camino hacia un destete natural (bastante doloroso emocionalmente para mí, por cierto) pero que dio fin a una hermosa etapa vivida a plenitud y con el mayor de los respetos.

No eras más que un cachorro humano actuando como cachorro humano. Con tu vulnerabilidad a flor de piel, con tus imperfecciones que te hacían perfecto, con tu sed enorme de amor y leche materna, tu alta demanda de brazos, amor, apoyo y compañía constante día y noche. Hoy, ya casi todo eso se ha ido poco a poco, ya no tomas la teta, te duermes y sueñas toda la noche (valga reconocer que... por fin!) y cada vez menos me pides brazos... cada día que pasa evolucionas increíblemente rápido hacia la niñez, con una independencia que me asombra.

A veces no puedo evitar sentirme un poco abrumada porque estoy perdiendo a mi bebito, te miro y no puedo creer que antes con sólo mirarte conocía tus necesidades y en cambio hoy me las haces saber gracias a tus primeras palabras. Has evolucionado hasta convertirte en un pequeño niño lleno de alegría y ganas de explorar el mundo.

Y yo me muero de miedo por hacerlo bien, como madre. Pero es un miedo excitante, y no puedo esperar para verte crecer.... a tu ritmo. Todo a su tiempo, mi amor, que yo te espero cada minuto del día. Y de la noche.

*Términos aprendidos durante la valiosísima lectura del libro Dormir sin lágrimas, de Rosa Jové.



Citas citables



"No conocemos la infancia; sobre las falsas ideas que se poseen, cuanto más
se abunda más nos equivocamos. Los más sabios buscan siempre al hombre en el
niño, sin pensar en aquello de que éste es antes de ser hombre."


J.J. Rousseau




sábado, 2 de agosto de 2008

Pobre ratón...






Un día en mi casa, entró un ratón. Y
eso causó una gran conmoción...

Pobre ratón ¿dónde te has metido? En
esta casa no eres bienvenido...


Grupo Mazapán.




Una mañana cualquiera, vino tu Narda a verte. Ella siempre entra por la puerta de la cocina porque de esa manera no tiene que golpear ni yo ir a abrirle...
El asunto es que ella me llama muy nerviosa: "Kathy!! Tiene lauchas!!" Y yo... que tengo qué?? Sí, me dijo, LAUCHAS... RATONES!! Yo pensé que estaba bromeando pero cuando fui a la cocina y vi aquellas repugnantes pelotitas negras repartidas a lo largo y ancho de todo el mesón de nuestra cocina, pensé...mmm... eso es .... caca de ratón?? La ignorancia de una persona de ciudad, cuando se va a vivir al campo, es abrumante. Yo, tu madre, que había vivido 23 años en un departamento, en el piso 18, jamás había visto un ratón, y menos su caca!! Así que yo todos los días limpiaba los mesones pensando que esas bolitas negras eran trozitos de pan tostado...

Comenzamos a limpiar y a seguir los rastros y nos dimos cuenta de que sólo en la cocina había caca. Ah bueno, y también descubrimos por dónde habían entrado el o los intrusos.
Ese mismo día, ya bien entrada la tarde, cuando ya tu padre se había ido a la universidad, estábamos sentados juntos disfrutando tú de tu siesta y yo de internet (con una mano, porque con la otra te afirmaba). Cuando te despertaste, comenzamos nuestra rutina diaria: sintonizar en la tele C.S.I, encender la estufa, poner el agua a hervir y cerrar todas las cortinas de la casa. Y partimos, pues, en nuestro recorrido. Cuando estábamos cerrando las cortinas del comedor, sentí un leve golpeteo en el piso.... y cuando miro.... OH OH!!! UN RATÓN!!! Era un ratoncillo pequeño, gris, de cola no muy larga, que corría despavorido .... HACIA LOS DORMITORIOS!!!!

Dios mío, te abrazé tan fuerte que casi te ahogo. Muy nerviosa, llamé a tu padre por teléfono y le expliqué la situación... ante lo cual el respondió: "Síguelo. No lo pierdas de vista".... Okay, este hombre cree que yo no tengo nada más que hacer que espiar a un animalejo.... pero eso hice, hasta que el muy maldito se escabulló por entre los muebles y desapareció en la oscuridad.

Contigo en brazos, la respiración acelerada, los nervios de punta..... me entregué a las circunstancias y continué con mi rutina, esta vez contigo PEGADO a mí. Usualmente te dejaba en tu cochecito por un momento mientras me tomaba mi café (para no quemarte) o mientras preparaba tu baño. Esta vez, no quise dejarte en ningún lugar, por miedo a que estuviera sucio o peor, ocupado por alguno de nuestros indeseables convidados de piedra. Hasta cociné contigo en mis brazos!! Recuerdo que hice caracoquesos (sí, con salsa de queso y salchichas, y todo!!) con una mano. Mira, si hubiera podido flotar lo hubiera hecho, con tal de no tocar el suelo...

Cuando llegó tu padre en la noche, le expliqué que no podíamos quedarnos en esas condiciones y me dijo que no me preocupara, que al día siguiente lo íbamos a solucionar, yo le insistía que no que había que irse de la casa por unos días para desinfectar... pero él me decía que para qué si era tan sólo un inocente ratoncito... y que si le dejábamos la puerta de la cocina abierta, probablemente se iba a meter ahí que era, al final, dónde le gustaba estar. Y con esa explicación, nos fuimos a dormir los tres en la cama grande.

Nunca pensé que, apenas apagada la luz, la fiesta ratonil empezaba. Al día siguiente, me levanté a preparar el desayuno. No había caca en la cocina.... y pensé.. bah... tal vez el ratón se fue!! Cuando empezé a recorrer la casa para abrir las cortinas, me encuentro con la sorpresa de que el ratón había invitado a todos sus amigos ratones y habían hecho samba y canuta en nuestra casa!!! Detrás de una mesa encontré un cerro de caca y los restos de una plantita seca de trigo que yo tenía de la semana de Cuaresma, que al parecer había sido el plato de fondo para mis queridos "invitados". Los cigarrillos de Rodrigo estaban mordisqueados sobre la mesa de arrimo. Sí, mascaron tabaco y todo los muy insolentes!!! Se metieron en los closet de ropa, en los cajones de tu papá, en el baño, Y DEJARON CACA AL LADO DEL MOUSE DEL COMPUTADOR!!! Tal vez creyeron de verdad que el mouse era una especie de "amigo robotizado"...

Pero lo más absolutamente increíble de todo, no fue que TODA nuestra casa fue recorrida por los bichos estos, si no que además, durmieron cómodamente..... EN NUESTRA CAMA.....CON NOSOTROS!!!!! Con la cara desfigurada por el asco y la impresión, miré cómo había caca en la almohada, y en el velador..... y pensé... bueno, después de este abuso de confianza, me declaro en guerra. Agarramos todas nuestras cosas y nos fuimos a la casa de tus abuelos, frente a la nuestra, y organizamos un raticidio como primera y única estrategia en esta guerra sucia entre los ratones y nosotros. Y bueno, ganamos. Los ratones se fueron, y nosotros pudimos regresar a nuestra casa.

Moraleja: Cuando veas pelotitas negras en el mesón de tu cocina, y NO has tostado pan.... míralas dos veces....

Algunos párrafos interesantes

"Aceptar la verdad nos permite vivir en paz, aunque la verdad no sea agradable ni bonita. Desconocer la verdad nos agrega piedras en el camino, ya da la impresión de que "tenemos mala suerte"."

"Y la verdad no es linda ni fea, simplemente es. Somos los seres humanos los que nos apuramos en catalogar nuestras emociones en algún rubro conocido y juzgarlas positivas o negativas. [...] Al no contemplar nuestro corazón, no logramos respetar nuestras limitaciones y nos engañamos..."

La Maternidad y el encuentro con la propia sombra, de Laura Gutman.

viernes, 1 de agosto de 2008

Oé, Oé Mister Mandarino

Nos divertía tanto que te gustara esa canción, fue la primera con la que te identificaste y bailabas y sonreías al escucharla. Fue emocionante ver como poco a poco te conectabas más con el mundo, siempre desde mis brazos o los de tu papá.
Vivimos tantas anécdotas durante tu período de Mandarino, algunas divertidas y otras un poco "trágicas" pero nada que hoy, al mirar atrás, no me haga sonreír.
La mayor parte del tiempo la pasamos solos tú y yo, porque tu padre volvió a la universidad durante tu primer año de vida por lo cual era poco el tiempo que estaba en casa. Al principio me sentí un poco asustada, y eventualmente agobiada por tanta soledad. Pensé que no iba a ser capaz de cuidarte sola, pero salimos adelante juntos porque así como tú te cobijabas en mi, yo me aferré a tí como pude y te hablaba y te contaba todo lo que me sucedía. Al comienzo lo hacía para no volverme loca porque necesitaba hablar con alguien, pero después ya me salía natural, te hablaba porque eras otra persona a mi lado y me escuchabas. A veces te quedabas dormido.... bueno.... lo siento.... a veces mis historias son un poco lateras... jajaja
Todo ese tiempo a solas contigo me sirvió para conocerme mucho mejor. Aprendí que soy una mujer muy fuerte, muy paciente y muy aguerrida. No voy a esconder que muchas veces perdía esa paciencia, esa fortaleza y fui cobarde..... pero...hey! Soy humana.
De todas maneras, hemos conversado tanto tú y yo que en varias ocasiones te he explicado el motivo de mis penas y te he pedido perdón por mis errores. La maternidad no es nada fácil y mucho menos de la manera tan antinatural en que la estoy viviendo, sola sin la compañía de otras mujeres que me guíen y con un marido espectacular pero tan ignorante y confunfido como yo. Sin embargo lo estamos logrando, poco a poco, y estamos orgullosos pues te vas transformando cada día en un niño ideal.
En tu etapa de Mandarino, pasaste por varias fases, algunas buenas y otras no tan buenas, siempre fuiste muy apegado a mí y no te ibas con cualquier persona, lo cual te hizo parecer ante los demás como el "antisocial", recibiendo comentarios poco afortunados de parte de gente que se supone te debe querer mucho...
Pero te recuerdo como un bebito sencillo, amoroso, juguetón. Fue una etapa hermosa que añoro vivir otra vez con algún futuro hermanito tuyo!! Te extraño mucho, Mandarino, pero no puedo esperar a ver en quién te vas a convertir después........
Te amo.

Quiebre


Ay cometí tantos errores, tantos errores he cometido...... Pero quién aprende, si no, si no se ha caido.....?
Naciste maltratado, moreteado, casi sin respiración. A mi me invadieron el cuerpo, las entrañas completas, con manos y fierros, para ayudarte a salir. No pudimos estar juntos desde el comienzo, sólo un instante, que para mí fue un segundo nada más..... No te ví si no hasta muy tarde. Yo estaba muy débil, con mucha fiebre y mucho dolor. Pero no hay excusa, debí luchar para que te dejaran conmigo!!!

El regreso a nuestra casa fue un momento kodak. Estaba tu tío Pedro esperándonos, esperándote. Venías envuelto en un saquito azul, dormido, totalmente inocente y puro. Qué lindos son los bebitos recién nacidos, tan tranquilitos, tan quietecitos.... si..... claro.... espérate no más que a la semana de haberme enseñado tu lado dulce apareció "la sombra" como diría la Gutman. Una noche cualquiera empezaste a llorar y no paraste más!! Yo no sabía qué hacer, te daba el pecho, te paseaba, te botaba los chanchitos, te cantaba y nada de lo que hacía resultaba contigo, niño, qué te pasaba??? Hoy entiendo que en tí se materializaron mis miedos y mis inseguridades.
Las mujeres creemos que la preparación para el parto es lo único que hay que tomar en cuenta. Cuánto me arrepiento de no haber leído más sobre puerperio y crianza!! Sólo leí sobre lactancia y nada más!! Bueno, sobre el embarazo también, lo leí todo, todito. Uno entra en un estado como de egoismo al principio, es un "yo estoy embarazada" y es todo sobre "lo que le sucede a MI cuerpo mes a mes" y ya cuando empieza el feto a aparecer en las ecografías empieza la preocupación por este "otro" dentro de uno, pero siempre desde el YO, osea es MI feto, MI placenta, MI útero.... No tuve yo una conciencia de que tú eras OTRO y que debía pensar también en tí, en tus necesidades y tus exigencias. Yo pensaba en mí, en cómo iba a dejar de dormir, cómo iban a crecer mis pechos, cómo iba a engordar, cómo lo haría si eras un niño difícil, cómo le haría yo, yo, YO, yo, yO..... ¿YO? Ja! qué "YO" ni que nada!! Todo es sobre tí ahora, siempre lo fue.

Hoy entiendo, hijo, que prepararse para recibirte no fue tan sólo hacer un baby shower, comprar cunita y cochecito (que hoy están de adorno), comprar ropita, decorar tu habitación.... Pero gracias a Dios, tu madre (yo) es una mujer muy curiosa y muy "ilustrada" (JA!) y me salvé de un quiebre mayor gracias a que recurrí a la información adecuada. Quiero que sepas que sentí muchísima pena, mucha soledad. Las primeras semanas fueron tan confusas, tan caóticas, tan extrañas. Todos los días a eso de las 7 de la noche me bajaba una angustia terrible porque venía la noche y tú no ibas a dormir.... tal vez tú te ponías nervioso al sentirme así enredada. Perdóname por no conectarme contigo pero es que pequé de arrogante al pensar que tú eras un mocoso tan chico que no entendía nada. Hoy sé que eras un pequeño dios venido de la pureza y con la sensibilidad afinada al máximo, capaz de vibrar en otro nivel, en otra frecuencia, desde la cual eras capaz de percibir todos mis sentimientos y expresarlos en ese llanto interminable que yo no supe comprender.

Justo cuando el quiebre era casi total, apareció la Nina. Mi abuela. Tu bisabuela. Ella venía tan calmada y relajada que con sólo tomarte en sus brazos tú dejabas de llorar y caías inmediatamente dormido. Yo realmente no comprendía CÓMO..... Cómo pude estar tan ciega?
Tu bisabuela me enseñó muchas cosas valiosas y me mostró otras con las que hoy no estoy de acuerdo, pero qué va, no puedo estar de acuerdo con todos!! Cuando ella se fue, pensé que me iba a venir abajo de nuevo. Por aquel momento ya estaba empezando mi camino, el buen camino, en las buenas lecturas y encontré un texto de J. Liedloff que hablaba de la total ausencia de cólicos y llantos en lactantes que eran constantemente cargados por la madre, comprobado por un estudio hecho en la observación de las mujeres de la tribu no sé cuánto, de no sé dónde. Da lo mismo. Y pensé.....será? Entonces compré una pequeña mochilita y desde ese momento te cargué pegado a mi todo el día. Y nunca, nunca más volviste a llorar. Porque volviste donde nunca debí haberte sacado: a mi cuerpo. Y lo que se había quebrado, se volvió a juntar. Todo tomó sentido. Volvimos a ser uno. A veces tu padre también te cargaba en la mochilita, y fuiste uno con él. Ambos fuimos uno contigo, todos fuimos uno con todos, porque somos al final 1, los 3.