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viernes, 15 de agosto de 2008


"Los niños dejan de ser niños cuando está llegando a su fin la fusión emocional, como modo de vincularse con el mundo, y se van convirtiendo en seres separados."

Laura Gutman, en Crianza, violencias invisibles y adicciones.


Siempre escuche EL consejo que me daban todos: Kathy, duerme porque, una vez que nazca la guagua ya nunca más podrás dormir. Lo que no sabían (u olvidaban) es que no sólo nunca más podria dormir de corrido, si no que nunca más volvería a ser LA MISMA. No recuerdo la última vez que pude ver una película totalmente concentrada, relajada y pendiente sólo de la película y no pensando en que ibas a despertar (pues siempre aprovecho tu sueño para funcionar en otros ámbitos) así como tampoco recuerdo haber hecho ninguna otra actividad con la libertad absoluta que me daba el rol de mujer NO madre.

Una vez escuché a una de mis grandes amigas decir "que necesitaba volver a ser ella misma". Ella había tenido una hija y de pronto se miró en el espejo y no se reconoció, no sólo físicamente si no que toda ella en esencia se había perdido. Bueno, a mí me pasó más o menos lo mismo. Pero yo creo que a toda mujer que se convierte en madre le sucede, claro que sólo algunas tomamos conciencia de este cambio. Yo, en un comienzo, me sentí fatal. Hoy siento que es un estado de gracia.

Y cuál es la gracia? Que hoy pienso en tí, hijo mío, antes que en mí. Aunque a veces mi ego me grita que también tengo derechos ineludibles como descansar o leer o incluso ir al baño tranquila, sin tus pequeños pasitos siguiéndome todo el tiempo. O cuando realmente necesito cocinar y tú quieres jugar...

Algunos de mis deseos pueden esperar. Y creo que, mientras vivas en esta casa será un poco así. No digo que seré tu esclava porque tampoco se trata de eso pero después lo pienso y llego a la conclusión de que en realidad un pequeño ser como tú, que no habla, que no desarrolla aún la empatia, que es muy egocéntrico porque asi son los bebés a tu edad, y que no entiende nada de esta vida... bien necesitas toda mi atención y la satisfacción inmediata de tus deseos porque no conoces otra realidad. Vienes de mi vientre donde todas tus necesidades eran satisfechas en el acto (contención, calor, alimento, ritmo, refugio) y has debido acostumbrarte a esta nueva realidad exterior, donde exigías con todo tu cuerpo y tus llantos, mi amor, mi atención, mis brazos y mi leche (tu leche). El pasaje fue duro, y aunque haya pasado un año y medio desde el momento en que atravesaste ese umbral, aún conservas en tu cabecita y en tu corazón ese deseo de tenerlo todo ahora ya. Y es mi trabajo dártelo. Y he constatado, en este corto período de tiempo en el que has estado conmigo, que mientras van pasando los días y los meses, cada vez eres más capaz de esperar cuando realmente no puedo satisfacer tus necesidades con la inmediatez que requieres. Porque tienes la seguridad de que lo haré, entonces has desarrollado la virtud de esperar un poquito, la misma virtud que he desarrollado yo misma y que me hace vivir tranquilamente tu desarrollo, sin apuros, sin presiones.

Sin duda que pasamos momentos de confusión, de frustración, como cuando no sabía por qué llorabas ni cómo calmarte, cuando no sabía cómo hacerte feliz, me sentí muchas veces sobrepasada, sobreexigida, perseguida y atrapada por tí, sentía que me "succionabas la energia", que no había ya espacio para mi misma en esta relación entre tú y yo... Me sentí sola, confundida y muy perdida, y ingenuamente pensé que la solución era pelear contra tí, y demostrarte quién era la que mandaba, y muchas veces traté de ignorarte, te dejé llorar solo... pero no fui capaz de seguir así. Y entonces agudizé el oído y escuché mi instinto. Abandoné la lucha y comenzé a entregarme, literalmente, a tus deseos. Y todo comenzó a tener sentido.

He aprendido que, si bien he dicho que ser madre es un viaje sin fin, porque sere tu madre toda tu vida, ser tu TODO durara tan poco tiempo, tan solo unos pocos años!! Asi que aprovecho cada momento y me entrego, porque, tarde o temprano, llegara el dia en que mis deseos volveran a ser privilegiados, el dia en que pueda volver a tirarme en el sofa, con un alto de peliculas para ver porque tu estaras en la universidad o con tu novia o en tu propia casa, quizas, con tus propios hijos.

viernes, 1 de agosto de 2008

Oé, Oé Mister Mandarino

Nos divertía tanto que te gustara esa canción, fue la primera con la que te identificaste y bailabas y sonreías al escucharla. Fue emocionante ver como poco a poco te conectabas más con el mundo, siempre desde mis brazos o los de tu papá.
Vivimos tantas anécdotas durante tu período de Mandarino, algunas divertidas y otras un poco "trágicas" pero nada que hoy, al mirar atrás, no me haga sonreír.
La mayor parte del tiempo la pasamos solos tú y yo, porque tu padre volvió a la universidad durante tu primer año de vida por lo cual era poco el tiempo que estaba en casa. Al principio me sentí un poco asustada, y eventualmente agobiada por tanta soledad. Pensé que no iba a ser capaz de cuidarte sola, pero salimos adelante juntos porque así como tú te cobijabas en mi, yo me aferré a tí como pude y te hablaba y te contaba todo lo que me sucedía. Al comienzo lo hacía para no volverme loca porque necesitaba hablar con alguien, pero después ya me salía natural, te hablaba porque eras otra persona a mi lado y me escuchabas. A veces te quedabas dormido.... bueno.... lo siento.... a veces mis historias son un poco lateras... jajaja
Todo ese tiempo a solas contigo me sirvió para conocerme mucho mejor. Aprendí que soy una mujer muy fuerte, muy paciente y muy aguerrida. No voy a esconder que muchas veces perdía esa paciencia, esa fortaleza y fui cobarde..... pero...hey! Soy humana.
De todas maneras, hemos conversado tanto tú y yo que en varias ocasiones te he explicado el motivo de mis penas y te he pedido perdón por mis errores. La maternidad no es nada fácil y mucho menos de la manera tan antinatural en que la estoy viviendo, sola sin la compañía de otras mujeres que me guíen y con un marido espectacular pero tan ignorante y confunfido como yo. Sin embargo lo estamos logrando, poco a poco, y estamos orgullosos pues te vas transformando cada día en un niño ideal.
En tu etapa de Mandarino, pasaste por varias fases, algunas buenas y otras no tan buenas, siempre fuiste muy apegado a mí y no te ibas con cualquier persona, lo cual te hizo parecer ante los demás como el "antisocial", recibiendo comentarios poco afortunados de parte de gente que se supone te debe querer mucho...
Pero te recuerdo como un bebito sencillo, amoroso, juguetón. Fue una etapa hermosa que añoro vivir otra vez con algún futuro hermanito tuyo!! Te extraño mucho, Mandarino, pero no puedo esperar a ver en quién te vas a convertir después........
Te amo.