martes, 1 de noviembre de 2011

Dulce o travesura?



Llevamos casi dos meses en este país y aún no acabamos de acostumbrarnos a la fastuosidad con que celebran todo los gringos. Desde antes de terminar septiembre, ya muchas casas estaban decoradas con calabazas y esqueletos, preparando de esta forma, la llegada del gran día, o mejor dicho, la gran noche de Halloween, el primero que pasamos Max y yo en Estados Unidos.
Max tuvo su parte en esta celebración el año pasado (por primera vez “consciente” ya que en años anteriores era muy pequeño para darse cuenta de lo que estaba pasando) con la versión chilensis de esta fiesta norteamericana. Se disfrazó de Iron Man, su padre de vampiro y yo de bruja (osea, fue un día normal…) y salimos con un grupo de amigos y sus hijos a pedir dulces por el pueblo.
Este año, Max tuvo la gran oportunidad de vivir la experiencia en la matrix de todo el asunto, y tuvo más de un mes para empaparse de toda la pompa y el ruido con que se vive este día “asustoso” (como diría mi hermana chica en su pésimo español).  Incluso, tuvo la ocasión de ir con su abuela a comprar una calabaza de verdad (jamás habíamos visto una) y junto a mi hermana Carolina la tallaron dándole “vida”. Finalmente se pudrió en el jardín, pero ahí estuvo varias semanas, junto a espantapájaros y arañas que mi madre colgó del techo.  Algo sencillo.
Sin embargo la decoración en otras casas es simplemente despampanante. Cementerios improvisados en los antejardines, calabazas gigantes iluminadas por la noche, máquinas de humo, telarañas entre los árboles, gatos negros diabólicos, arañar asesinas colgando en telarañas gigantes, muertos saliendo de tumbas, brujas y hasta manos huesudas acechando por  los buzones… por nombrar algunos. Lo más simpático fue un “ahorcado” que colgaba de la luminaria pública. Todo en post de la diversión y la fiesta, como manda la tradición.
Todos disfrazados desde temprano, mujeres y hombres, niños, jóvenes y viejos, todos, me atendieron “gatitas” en la biblioteca, brujas en el supermercado y vi piratas y “naipes de corazones” en los estacionamientos. Se lo toman en serio, muy en serio. Así que Max tuvo su añorado disfraz de ninja y, obviamente, su madre a su lado disfrazada también (una suerte de niña muerta con pijama… no pregunten), mis hermanas chicas pintarrajeadas como zombies y vapiresas,  y a la calle a pedir dulces.
Max tuvo susto en varias ocasiones, y a pesar de la barrera del idioma, no tuvo problemas para llenar su cesta de de dulces. Lo pasamos increíble, fue realmente una experiencia diferente, en la que debo haber perdido un par de kilos (subiendo y bajando las colinas de casa en casa) pero que supongo recuperaré rápidamente, cuando ayude a Max con su botín… J

Qué pasó?


Escribir ha sido siempre mi escape. Hablar ha sido siempre mi maldición. Como a veces no hay quien quiera escucharme, escribo. Y aquí escribía mi vida con mi hijo, mi luz. De pronto, vino un largo silencio. Para los que lo notaron, les cuento que simplemente… se me acabaron las palabras. Pasé por un momento muy oscuro sobre el cual no quiero profundizar aún, pero sí les puedo contar que el papá de Max y yo nos separamos hace ya 3 años. 
En un principio fue intolerable la vida, aunque suene exagerado, y mi hijo tuvo que vivir el proceso conmigo, como siempre, ya que solamente nos tenemos el uno al otro. Hice lo que pude por mantenerlo al margen de mi pena, y traté de mantenerme siempre entera para él.
Con el paso del tiempo anduve mejor, hasta que de pronto todo tomó forma de nuevo y la vida continuó. De ser una madre 100% en casa, pasé a ser una madre “soltera” que trabaja. Max tuvo que ir al jardín y separarse de mí un poco.
Todo ha ido bien, apartando los detalles obviamente ha habido momentos oscuros, dramas, altos y bajos, momentos felices, risas, fiesta, y luego equivocaciones, arrepentimientos y errores que tal vez nunca sabré qué efecto causaron en mi  hijo… hasta que él sea capaz de decírmelo.
Hoy su padre y yo tenemos una relación civilizada, aunque a veces definitivamente no lo soporto… jaja… pero qué puedo hacer? Es el padre de mi hijo y sean como hayan sido las cosas, tendré que vivir con su presencia para siempre.
Me sorprendo a mi misma al escribir tan relajadamente sobre este tema, después de haberlo pasado realmente mal. Supongo que hoy tuve un buen día… Pero prepárense que tal vez en otra ocasión no sea tan “amable”. Como sea, agradezco su comprensión… J… y espero que m sigan acompañando en este viaje sin fin!!