Como dice Charles Aznavour en su canción SHE (Ella), que alguna vez le dediqué a la Nina, "Ella puede ser la razón para sobrevivir, el por qué y el dónde por lo que estoy viva", ella, que vino de la abuela Blanca, continuando este linaje nuestro de mujeres, es el origen de nuestra familia y hoy ha partido a formar parte de nuestros ancestros, en algún lugar, no se dónde, pero seguramente dando órdenes y levantando el dedo para dirigir a su voluntad.
La Nina fue mi abuela pero también fue mi madre, ella me crió y me contuvo siempre a lo largo de mi vida, estando conmigo físicamente o en la distancia y siempre se las arregló para volver a mi lado y simplemente estar. No sé muy bien cómo sentirme ahora que ha partido y no sé qué hacer con la certeza de que nunca más la voy a volver a ver, pero sí sé que no debo llorar porque ella me lo ordenó: no llores por mí, no llores nunca por nadie. Pero yo he llorado igual, porque la echo de menos, porque me faltaron cosas que hacer con ella, porque nunca conoció a Octavio, porque nunca pudo conocer mi casa en Australia. Ella conoció todos los lugares donde he vivido, todos, siempre estuvo a mi lado, junto con mi Tata, los dos siempre, mis viejos, mis padres, en todas, en las buenas, en las malas y en las terribles.
Cuando yo tenía 9 años y me operaron de apendicitis tuve mi primera crisis de llanto por ella. En el hospital no permitían visitas luego de cierta hora y yo, que me dormí toda la tarde, al despertar no la vi en la sala de esperas. No estaba. Ya se había ido. Y me sentí tan sola, tan triste, que tuve una pataleta tremenda, me tuvieron que controlar entre tres. La segunda vez, fue la noche antes de que se fuera al hospital para operarse de ese otro cáncer que tuvo y dormimos juntas y ella me decía Katita Baloo no llores… pero yo lloraba igual. La tercera vez fue cuando nació Max y ella ya tenía que volver a Estados Unidos. Cómo le rogué que no se fuera, que no me dejara sola con ese chiquillo llorón que solo con ella se calmaba. Y ella se quedó. Y me ayudó a salir adelante. La cuarta vez fue cuando entendí que se iba a morir. Asumir que se me iba. Y cuando se fue lloré amargamente, lloré a gritos, lloré y lloré. Y la última vez es ahora, mientras escribo estas palabras que ella no va a escuchar, o quizás sí, quién sabe?
La Nina estaba orgullosa de mí y siempre me lo decía, para ella yo era lo máximo, y siempre, siempre me lo hizo sentir, y comprendo que ella puso en mí la semilla de poder femenino que hoy me ayuda a levantar cada día a mi familia llena de hombres, un marido y tres hijos que desde la cuna saben que la cara es la cara y que a las mujeres se les respeta. Ella era tan sabia, tan elocuente debajo de esos discursos tantas veces sin sentido, sin embargo ella tenía razón.
Ella me levantó el dedo a mi misma varias veces (o me llamaba con una campanita) y me daba órdenes también. Pero a la vez me daba el amor más lindo e incondicional. Ella me llamaba Katita Baloo, me daba mamaderas de lechita con maicena, me ponía un abrigo verde, me sentaba en el mesón de la cocina y me cantaba Podó Podó. Ella me llevaba a todos lados con ella, a la playa, a sus trámites, al banco, donde el tío Pepe… Yo iba a su lado, de la manito, tantas veces, en la micro cuando le dije delante de toda la gente “a ver sácate los dientes” y ella, mortificada, porque venía pinchando con un gallo. En esos mismos viajes en micro tantas veces, a todas partes, al bajar pegaba el grito LA CARTERA!! Y había que partir al terminal a ver si no se la habían robado. Perdí la cuenta de todas las veces que me devolví a buscarle la cartera. En todas partes.
Tantas veces salimos en la noche caminando a comprar pizzas o churrascos, y nos volvíamos al departamento a comer, a ver tele, las dos acostadas, juntas, siempre. Cuando me retaba por leer libros de vampiros de noche, porque después tenía miedo y no podía dormir, o cuando pensaba que yo hacia brujeria porque encendía velas y me vestía de negro, y cuando silbaba de noche, porque llamaba al diablo… FENÓMENO!
Hoy todas nuestras historias juntas vienen a mi mente y su recuerdo se agranda en mi corazón, y así como me pasa con mi Tata, que en el día a día los recuerdo porque sus maneras, sus gestos, sus palabras, todo está en mí. Ella está en mí, y en todos nosotros, para siempre. Inmortalmente eterna, ella no se ha muerto, ella solamente ha partido de viaje, como a ella le gustaba, y partió a descansar y a reencontrarse con todos los que han partido antes. Tuve la fortuna de poder hablar con ella por última vez, despedirme, decirle que la amo y que gracias a ella hoy soy una mujer poderosa, y que su trabajo conmigo había terminado felizmente y en paz. Ella me enseñó a ser íntegra, honesta, responsable, puntual. “Tienes que ser todo eso, siempre, incluso cuando nadie esté mirando”. Y cuando me quedé sola con Max, recordé que ella pudo sola con 4 niños así que yo podía sola también. Ella era fortaleza.
Por eso no debo llorar, ella siempre decía que llorar no soluciona nada, y hoy mi trabajo como nieta es perpetuar sus deseos, y hacer posible que haga a través de mí todo lo que ella no pudo hacer, y de esa forma honrarla cada día.
Soy afortunada de haberla tenido en mi vida, de ser su nieta, de llevar su sangre. Soy afortunada por todas las historias que tenemos juntas, por ser su nieta regalona, la madre de sus tres bisnietos, su Katita Baloo.
Buen viaje.
Te amo con toda la fuerza de mi corazón.

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