Escribir
ha sido siempre mi escape. Hablar ha sido siempre mi maldición. Como a veces no
hay quien quiera escucharme, escribo. Y aquí escribía mi vida con mi hijo, mi
luz. De pronto, vino un largo silencio. Para los que lo notaron, les cuento que
simplemente… se me acabaron las palabras. Pasé por un momento muy oscuro sobre
el cual no quiero profundizar aún, pero sí les puedo contar que el papá de Max
y yo nos separamos hace ya 3 años.
En un
principio fue intolerable la vida, aunque suene exagerado, y mi hijo tuvo que
vivir el proceso conmigo, como siempre, ya que solamente nos tenemos el uno al
otro. Hice lo que pude por mantenerlo al margen de mi pena, y traté de
mantenerme siempre entera para él.
Con el
paso del tiempo anduve mejor, hasta que de pronto todo tomó forma de nuevo y la
vida continuó. De ser una madre 100% en casa, pasé a ser una madre “soltera”
que trabaja. Max tuvo que ir al jardín y separarse de mí un poco.
Todo ha
ido bien, apartando los detalles obviamente ha habido momentos oscuros, dramas,
altos y bajos, momentos felices, risas, fiesta, y luego equivocaciones,
arrepentimientos y errores que tal vez nunca sabré qué efecto causaron en
mi hijo… hasta que él sea capaz de
decírmelo.
Hoy su
padre y yo tenemos una relación civilizada, aunque a veces definitivamente no
lo soporto… jaja… pero qué puedo hacer? Es el padre de mi hijo y sean como
hayan sido las cosas, tendré que vivir con su presencia para siempre.
Me sorprendo a mi misma al escribir tan
relajadamente sobre este tema, después de haberlo pasado realmente mal. Supongo
que hoy tuve un buen día… Pero prepárense que tal vez en otra ocasión no sea
tan “amable”. Como sea, agradezco su comprensión… J… y espero que m sigan acompañando en este viaje
sin fin!!
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