Pensándolo bien, pensar no hace mal... Pensé en qué podría estar sintiendo Max, qué pasa por una cabeza tan pura y tan nueva, que lo lleva al extremo de no hablar? No pude dar con una respuesta, pero comprendí que seguir dándole con el tema no nos iba a llevar a ninguna parte. Así que simplemente lo dejé. Ya no le hablé más del tema. Como quien dice "me relajé" pero me relajé bien relajada... Empezamos a jugar más y a exigir menos, empecé a leer más cuentos de superhéroes en vez de sentarnos a ver tele en silencio... continué con mi legendaria costumbre de inventar ridículas historias de animales que pasean por la ciudad y caen en hoyos profundos desde los cuales sólo la jirafa cuelluda puede rescatar... y si soy una madre cargante, fui más cargante y menos retona... hasta que un buen día, justo el día en que fue el papá a buscarlo al colegio, se llevó la gran sorpresa de encontrar a Max conversando con su profesora.
Todo regresa a su centro poco a poco. No vamos a decir que ahora es un gran conversador, pero al menos logra comunicarse con sus amigos y sus profes. Esto en el colegio, porque en la casa habla más que yo... (lo cual es mucho...)
Seguimos juntitos los dos, como siempre, todos los días. Ampliamos nuestras actividades, ahora descubrimos el Parque Intercomunal (que nos queda al lado) y fuimos a correr y jugar. Pasamos mucho tiempo juntos, tenemos muchas historias, conversamos y nos reímos... me costó ponerme en su lugar y no hay momento en que no me recrimine por ello... tal vez hubiese solucionado el problema antes... sin embargo estoy tranquila al saber que pude conectarme con él como siempre, al final de tanto estar juntos los dos... somos uno. Uno, los dos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario