Nunca pensé que no llevar un diario de mi embarazo me fuera a pesar tanto. Hoy, añoro aquellos días. Y los recuerdos, aunque frescos, se me escapan poco a poco. Quisiera poder entregarle a mi hijo la historia de su vida desde el primer momento, con todos sus detalles preciosos, pero heme aquí tratando de rescatarlos con dificultad.
El 30 de mayo de 2006 fui al baño y descubrí que estaba ovulando. Miré fechas, calculé ciclos y ERA EL MOMENTO!!! Llamé a Rodrigo, que trabaja a 10o metros de la casa, y le dije VEN INMEDIATAMENTE!!!! Bueno, no es necesario contar lo que sucedió.... nos dimos un gran abrazo de amor (risas maliciosas) y fuiste concebido en el acto. Lo supe en ese momento, ya crecías dentro de mí.
Pasaron las semanas y se confirmó tu presencia. 6 semanas de gestación. La ilusión se apoderó de mí. Tu padre, un poco menos entusiasmado, estaba igual de feliz. Los hombres no saben ni nunca sabrán lo que una mujer siente cuando crece una vida dentro de su cuerpo, y aunque tratan con la mejor de las empatías, no es lo mismo.
Pasaron las semanas. Vinieron los ascos. Recuerdo que el olor de la vainilla era fatal para mí. Me molestaba todo, el olor de la lluvia era una tortura y ese invierno llovió como nunca. Aunque suene poco elegante, era tal el rechazo a la humedad que pasé varios días sin ducharme, acostada, viendo Friends.
Comí muchas naranjas y limones porque aliviaban mis náuseas. Un buen día, después de 3 meses, todo eso terminó. Y empezó lo bueno. Me sentía especial contigo en mí, te llevaba a caminar por el campo, papá me acompañaba y hablábamos de los días por venir, de cómo serías, de cómo te llamaríamos y fantaseábamos con tu presencia entre nosotros.
Hice varios rompecabezas, leí muchos, muchos libros, dormí mucho (hoy no tengo ese privilegio pero vale la pena) y puse mucha música de todo tipo cerca de mi panza para que escucharas desde que eras una semillita de arroz.
Comenzaste a crecer rápidamente, vinieron las primeras ecografrías. Nos congelamos en un momento de emoción al oír los primeros latidos de tu pequeño gran corazón. Te vimos patear, taparte la cara, y hasta darnos la espalda. Pronto supimos que serías varón.
Buscamos muchos nombres. El tiempo volaba y yo quería llamarte por tu nombre, darte una identidad. Te llamamos Maximiliano Alejandro. Por que nos gustó. Por que Alejandra es mi segundo nombre. Tu papá quería llamarte Rodrigo, como él, pero yo no quise. Quería que tuvieras tu propio nombre.
Una noche, tu padre roncaba a mi lado. Yo estaba totalmente desvelada. Mirando el techo, acariciandote a través de mi piel, pensando en tí, enamorada, embobada, maravillada, cuando de pronto....me regalaste tu primer movimiento. Fue como el revoloteo de una mariposa en mi vientre. Emocionada, desperté a tu padre pero ya no te moviste más. Te habías dormido.
Luego comenzaste a moverte ya más seguido pero tu padre no tenía la suerte de sentirte porque al parecer te escondías de él como un juego. Hasta que un día, sentados juntos frente al televisor, Rodrigo puso su mano en mi panza (ya panzota!!) y diste una magnífica patada. Nunca, en lo que me queda de existencia, voy a poder olvidar esos ojos llenos de emoción de tu padre y su cara de asombro, su boca en forma de querer decir algo y no saber qué.... fue un momento mágico, ahí estábamos los 3, conectados, unidos para siempre. Ya éramos una familia.
Hice muchas cosas contigo a cuestas. Viajé en bus, siempre con música en mis oídos, el soundtrack de mi vida, caminé por los campos, jugué con mis perros, que te buscaban con su nariz, con sus ladridos te anunciaban, bailé, ooh cómo bailé contigo!!! Tus tíos José y Erik y tu tía Cata se casaron ese año y tú nos acompañaste a sus bodas. Bailamos contigo, mambo, rumba y cha cha chá.
Nunca me sentí mal, ni cansada, hasta que ya estabas muy grande. Entonces las noches se hacían más largas, el insomnio era inminente y el calor insoportable. Leí que durante el embarazo el volumen sanguíneo aumenta al doble (obvio, éramos 2 en 1) y todo aumentaba, el calor, la presión, el apetito..... me di permiso para comer las cosas más ricas, lo más exquisito para tí.
En cuanto empezaron los primeros calores, me enfundé en un traje de baño que hoy guardo de recuerdo (se estiró tanto que ya no sirve) y me tiré a nadar contigo. Tú nadabas ya dentro de mí. Qué se siente nadar dentro de alguien que nada??? Es algo sublime, hundirme en el agua y cerrar los ojos, ponerme en posición fetal y tratar de sentir lo mismo que sentías tú. Recuerdo que tu padre me tomaba en sus brazos y toda la panza se iba hacia atrás y sólo quedaba tu forma. Era algo increíble, estabas ahí en todo tu esplendor!!!
En enero tuvimos una fiesta de baby shower, vinieron todos aquellos que hoy te aman. Te trajeron muchos regalos. Yo ya estaba muy grande. Si me miraban de perfil, parecía una letra B.
Llegó tu bisabuela Nina para ayudarme y acompañarme en los últimos momentos de la espera. Llegó febrero y yo ya quería tenerte conmigo, es indescriptible la sensasión de tener a alguien conmigo por 9 meses pero a la vez extrañarlo. Todos querían conocerte. Pero nadie más que yo.
Una noche, tu papá fue a un baile de esos que hacen aquí en el campo. Yo no quise acompañarlo porque ya me cansaba con facilidad y quería estar todo el tiempo sentada. Fome. No era buena compañía. Tu Nina se durmió y yo me recosté a mirar una película. De pronto sentí olor a gas. Salí por la puerta de la cocina para ir a revisar el calefont. En el camino, agarré unos granos de uva (que tenía prohibidos, pero qué diablos) y al salir se cruzó Apolo, tu perro que amas, y, por no pisarle la cola perdí el equilibrio. Como llevaba la uva en la mano, no pude agarrarme de la manija de la puerta y caí. Caí por la escalera de cemento. 1, 2, 3, 4 escalones y de panza al suelo. Me golpeé la frente. Te golpeé a tí. Nunca, nunca había estado tan asustada en mi vida. No me importó el corte en mi pierna ni el golpe en mi cabeza. Me importabas tú. Rápidamente te acaricié, toqué mi redondez completa, te hablaba, te llamaba. Pero tú no te movías. Caminé por el jardín, desconcertada, asustada, confundida, temblorosa..... me senté en el columpio que te gusta tanto y traté de pensar en cosas bellas, traté de relajarme, de sentirte...... y de pronto te moviste muy fuerte. El alma me volvió al cuerpo. Fue tan feo lo que sentí, la culpa, la rabia con el pobre Apolo que no tenía responsabilidad alguna..... Gracias a Dios no pasó nada.
A la semana siguiente, fuimos a la plaza del pueblo a la fiesta de la Chaya. Había música y mucha gente. Pero no había donde sentarse. Bailé mucho, me reí y me encontré con amigos que no veía hace tiempo. Al volver a casa comenzaste a moverte mucho y empezaron las primeras contracciones. Era martes.
Al día siguiente, muy temprano, algo se apoderó de mí. No sé cómo explicarlo, pero sentí la necesidad urgente de limpiar. Limpié todo: los baños, la cocina, la casa entera. Lavé la ropa y mientras planchaba, las contracciones no se hicieron esperar. Estaba determinada a dejar el nido perfecto para tu llegada. Sabía que había llegado el momento. Ese día boté el famoso tapón mucoso. Era inminente.
Todos me miraban con cara de espanto, yo subía y bajaba de los sillones, limpiando las esquinas con un plumero, las cortinas eran sacudidas por mi brazo incansable y la aspiradora era una extensión más de mi cuerpo. Nadie entendía que yo quería todo perfecto para tí. Pensaron que estaba loca. Más loca me creyeron cuando dije que quería irme a Santiago esa noche porque estaba segura que al día siguiente estarías aquí.
Esa noche, hicimos las maletas y partimos. Tu padre, que es un hombre en extremo alegre y divertido aunque a la vez muy pesado (algún día entenderás), me hizo reír todo el camino. Las contracciones eran ya muy seguidas. Ya llevaba más de 10 horas con ellas.
Llegamos a Santiago y, después de conversar un rato, nos fuimos a dormir. A las 4:50 am desperté con una punzante contracción. Dolor. Emoción. Desconcierto. Felicidad. Qué sentimiento sirve para describir ese momento? Miré la hora, anoté. Traté de volver a dormir. 5 de la mañana. Otra. Y así, cada 15 o 10 minutos te hacías notar.
A las 5 y media me levanté. Caminé sin rumbo por el enorme departamento de tus abuelos Jaime y Mariluy. Según yo no había nadie, pero estaban todos durmiendo. Di vueltas alrededor de la mesa del comedor, con el celular en la mano para ver la hora y un lápiz y un papel para anotar los tiempos.
7 de la mañana: estaba realmente agotada. Ninguna posición servía para aminorar el dolor. Respiraba, caminaba, me encuclillaba. Nada de lo que había leído, nada de lo que vi por el discovery home & health me sirvió mucho. Estaba totalmente ebria de dolor y placer. Mi cuerpo estaba preparado para lo que estaba viviendo y yo tenía plena confianza en mí. Quería vivirlo sola, no sé por qué. Bueno, sí sé. Porque cuando perdí a tu hermanito pocos años atrás, lo viví sola y fue tan íntimo que quise repetirlo, la soledad, la intimidad (v. l. r), el secreto, la cofradía entre una madre y su hijo.... no, definitivamente quería este momento sólo para nosotros dos.
8 de la mañana: no aguanté más y desperté a tu padre. Él me abrazaba, me daba la mano pero ya era más "insoportable". Llamé a la Beatriz, mi matrona. Ella me dijo que me zambullera en una tina caliente por 1 hora y la llamara. Yo pensé 1 HORA!!!! ok. Lo hice. Y ahí fue el acabóse. Las contracciones venían cada 3 minutos. Maximiliano, querido, ven pronto, pero que no me duela tanto, hijo.......
Rodrigo se metió a la ducha, y mientras yo me secaba un líquido tibio con olor extraño me surcaba las piernas...... rompí aguas!!!! A la clínica. Ahora. Ya.
Hoy, con mucho más conocimiento, experiencia, y muchas lecturas en el cuerpo pienso que no debí apurarme tanto. Pero era mi primera vez. Y quería anestesia. Error. En fin.....
En la sala de preparto ya estaba bastante vapuleada. Rodrigo tuvo la buena ocurrencia de sacarme un par de fotos (inmostrables por cierto) que atesoro con infinito cariño. Pre-parto. Pre-llegada de Max. Antes. Después. Mi vida estaba a punto de transformarse milagrosamente.
Reciví visitas, compañía y buenas noticias. Tu tía Catalina estaba también de parto!!! Tus queridos amigos, los mellizos, también llegaban al mundo el mismo día!!! Lamenté un poco la coincidencia pues ninguna de las dos pudo estar con la otra en ese momento tan especial. Sólo en espíritu.
3 de la tarde: Algo pasa. No respiras bien. Tus latidos bajan su intensidad. Temor. Incertidumbre. Qué pasa? Nada, mi amor, relájate. Todos corrían, nadie me explicaba nada. Me pusieron una mascarilla de oxígeno. Todo volvió a la normalidad. Seguimos esperándote, Maximiliano Mandarino. Llega Pepe, el anestesista. Siento una especie de alivio pero susto a la vez, me van a pinchar la espalda, la columna, con una gran aguja de 5 cms.... es peligroso. Rodrigo me ayuda, me acompaña en todo momento. Mira con cara de espanto lo que hace Pepe.... yo, ya entregada pienso: me da lo mismo, sólo quítenme este dolor!! (Hoy digo: cobarde, mi cuerpo fue creado para el parto...qué hice??? Nunca más.)
4 de la tarde: Viene mi cuñado Francisco, tu tío más joven. Él está de cumpleaños ese día. Está un poco molesto porque le aguamos la fiesta. No sé si es broma o es en serio, pero poco me importó en ese momento. Todos preguntan a qué hora llegarás. Andrés, el ginecólogo, dice: mmm apuesto por las 4 y media. Todos ríen y hacen apuestas. Yo quiero dormir. Ya no siento dolor. Pero estoy realmente agotada. Mi suegra bromea con que vas a nacer a las 5:45 igual que tu tío Francisco. El colmo. El mismo día y a la misma hora...... y así fue.
No sé a qué hora me llevaron a la sala de partos pero creo que fue a las 5. Todos estaban ahí (menos mi padre, mi madre, mi papi chanchi, mis hermanas, mi abuela, mi abuelo, mis tios, etc etc pero algún día entenderás por qué) Pero estaban tus tíos, tu adorada tía Pame, tus bisabuelos..... y yo iba flotando en la camilla, feliz, extasiada PRONTO ESTARÍAS AQUÍ!!
Floté, literalmente floté. Pero estaba anestesiada, ya no sentía contracciones, no te sentía pujando por venir al mundo..... y eso no me lo he perdonado hasta ahora. Perdóname por quitarte esa oportunidad, ese momento en que empujas para salir, en que luchas por cruzar el umbral que separa el mundo seguro del mundo cruel. Pero yo era ignorante. Hoy trato de compensarte. Como sea, floté hasta la sala de parto, con el corazón latiendo a mil, con tu padre perdido entre vestidores cambiándose de ropa, poniéndose un traje verde que me hizo confundirlo... si no fuera porque sus ojos azules quedaron descubiertos, sus ojos de tuto, su aro en la ceja.... y lo reconocí y apreté fuerte su mano......éramos dos, pero pronto seríamos 3. Tú y nosotros, nosotros y tú. Para siempre.
El 30 de mayo de 2006 fui al baño y descubrí que estaba ovulando. Miré fechas, calculé ciclos y ERA EL MOMENTO!!! Llamé a Rodrigo, que trabaja a 10o metros de la casa, y le dije VEN INMEDIATAMENTE!!!! Bueno, no es necesario contar lo que sucedió.... nos dimos un gran abrazo de amor (risas maliciosas) y fuiste concebido en el acto. Lo supe en ese momento, ya crecías dentro de mí.
Pasaron las semanas y se confirmó tu presencia. 6 semanas de gestación. La ilusión se apoderó de mí. Tu padre, un poco menos entusiasmado, estaba igual de feliz. Los hombres no saben ni nunca sabrán lo que una mujer siente cuando crece una vida dentro de su cuerpo, y aunque tratan con la mejor de las empatías, no es lo mismo.
Pasaron las semanas. Vinieron los ascos. Recuerdo que el olor de la vainilla era fatal para mí. Me molestaba todo, el olor de la lluvia era una tortura y ese invierno llovió como nunca. Aunque suene poco elegante, era tal el rechazo a la humedad que pasé varios días sin ducharme, acostada, viendo Friends.
Comí muchas naranjas y limones porque aliviaban mis náuseas. Un buen día, después de 3 meses, todo eso terminó. Y empezó lo bueno. Me sentía especial contigo en mí, te llevaba a caminar por el campo, papá me acompañaba y hablábamos de los días por venir, de cómo serías, de cómo te llamaríamos y fantaseábamos con tu presencia entre nosotros.
Hice varios rompecabezas, leí muchos, muchos libros, dormí mucho (hoy no tengo ese privilegio pero vale la pena) y puse mucha música de todo tipo cerca de mi panza para que escucharas desde que eras una semillita de arroz.
Comenzaste a crecer rápidamente, vinieron las primeras ecografrías. Nos congelamos en un momento de emoción al oír los primeros latidos de tu pequeño gran corazón. Te vimos patear, taparte la cara, y hasta darnos la espalda. Pronto supimos que serías varón.
Buscamos muchos nombres. El tiempo volaba y yo quería llamarte por tu nombre, darte una identidad. Te llamamos Maximiliano Alejandro. Por que nos gustó. Por que Alejandra es mi segundo nombre. Tu papá quería llamarte Rodrigo, como él, pero yo no quise. Quería que tuvieras tu propio nombre.
Una noche, tu padre roncaba a mi lado. Yo estaba totalmente desvelada. Mirando el techo, acariciandote a través de mi piel, pensando en tí, enamorada, embobada, maravillada, cuando de pronto....me regalaste tu primer movimiento. Fue como el revoloteo de una mariposa en mi vientre. Emocionada, desperté a tu padre pero ya no te moviste más. Te habías dormido.
Luego comenzaste a moverte ya más seguido pero tu padre no tenía la suerte de sentirte porque al parecer te escondías de él como un juego. Hasta que un día, sentados juntos frente al televisor, Rodrigo puso su mano en mi panza (ya panzota!!) y diste una magnífica patada. Nunca, en lo que me queda de existencia, voy a poder olvidar esos ojos llenos de emoción de tu padre y su cara de asombro, su boca en forma de querer decir algo y no saber qué.... fue un momento mágico, ahí estábamos los 3, conectados, unidos para siempre. Ya éramos una familia.
Hice muchas cosas contigo a cuestas. Viajé en bus, siempre con música en mis oídos, el soundtrack de mi vida, caminé por los campos, jugué con mis perros, que te buscaban con su nariz, con sus ladridos te anunciaban, bailé, ooh cómo bailé contigo!!! Tus tíos José y Erik y tu tía Cata se casaron ese año y tú nos acompañaste a sus bodas. Bailamos contigo, mambo, rumba y cha cha chá.
Nunca me sentí mal, ni cansada, hasta que ya estabas muy grande. Entonces las noches se hacían más largas, el insomnio era inminente y el calor insoportable. Leí que durante el embarazo el volumen sanguíneo aumenta al doble (obvio, éramos 2 en 1) y todo aumentaba, el calor, la presión, el apetito..... me di permiso para comer las cosas más ricas, lo más exquisito para tí.
En cuanto empezaron los primeros calores, me enfundé en un traje de baño que hoy guardo de recuerdo (se estiró tanto que ya no sirve) y me tiré a nadar contigo. Tú nadabas ya dentro de mí. Qué se siente nadar dentro de alguien que nada??? Es algo sublime, hundirme en el agua y cerrar los ojos, ponerme en posición fetal y tratar de sentir lo mismo que sentías tú. Recuerdo que tu padre me tomaba en sus brazos y toda la panza se iba hacia atrás y sólo quedaba tu forma. Era algo increíble, estabas ahí en todo tu esplendor!!!
En enero tuvimos una fiesta de baby shower, vinieron todos aquellos que hoy te aman. Te trajeron muchos regalos. Yo ya estaba muy grande. Si me miraban de perfil, parecía una letra B.
Llegó tu bisabuela Nina para ayudarme y acompañarme en los últimos momentos de la espera. Llegó febrero y yo ya quería tenerte conmigo, es indescriptible la sensasión de tener a alguien conmigo por 9 meses pero a la vez extrañarlo. Todos querían conocerte. Pero nadie más que yo.
Una noche, tu papá fue a un baile de esos que hacen aquí en el campo. Yo no quise acompañarlo porque ya me cansaba con facilidad y quería estar todo el tiempo sentada. Fome. No era buena compañía. Tu Nina se durmió y yo me recosté a mirar una película. De pronto sentí olor a gas. Salí por la puerta de la cocina para ir a revisar el calefont. En el camino, agarré unos granos de uva (que tenía prohibidos, pero qué diablos) y al salir se cruzó Apolo, tu perro que amas, y, por no pisarle la cola perdí el equilibrio. Como llevaba la uva en la mano, no pude agarrarme de la manija de la puerta y caí. Caí por la escalera de cemento. 1, 2, 3, 4 escalones y de panza al suelo. Me golpeé la frente. Te golpeé a tí. Nunca, nunca había estado tan asustada en mi vida. No me importó el corte en mi pierna ni el golpe en mi cabeza. Me importabas tú. Rápidamente te acaricié, toqué mi redondez completa, te hablaba, te llamaba. Pero tú no te movías. Caminé por el jardín, desconcertada, asustada, confundida, temblorosa..... me senté en el columpio que te gusta tanto y traté de pensar en cosas bellas, traté de relajarme, de sentirte...... y de pronto te moviste muy fuerte. El alma me volvió al cuerpo. Fue tan feo lo que sentí, la culpa, la rabia con el pobre Apolo que no tenía responsabilidad alguna..... Gracias a Dios no pasó nada.
A la semana siguiente, fuimos a la plaza del pueblo a la fiesta de la Chaya. Había música y mucha gente. Pero no había donde sentarse. Bailé mucho, me reí y me encontré con amigos que no veía hace tiempo. Al volver a casa comenzaste a moverte mucho y empezaron las primeras contracciones. Era martes.
Al día siguiente, muy temprano, algo se apoderó de mí. No sé cómo explicarlo, pero sentí la necesidad urgente de limpiar. Limpié todo: los baños, la cocina, la casa entera. Lavé la ropa y mientras planchaba, las contracciones no se hicieron esperar. Estaba determinada a dejar el nido perfecto para tu llegada. Sabía que había llegado el momento. Ese día boté el famoso tapón mucoso. Era inminente.
Todos me miraban con cara de espanto, yo subía y bajaba de los sillones, limpiando las esquinas con un plumero, las cortinas eran sacudidas por mi brazo incansable y la aspiradora era una extensión más de mi cuerpo. Nadie entendía que yo quería todo perfecto para tí. Pensaron que estaba loca. Más loca me creyeron cuando dije que quería irme a Santiago esa noche porque estaba segura que al día siguiente estarías aquí.
Esa noche, hicimos las maletas y partimos. Tu padre, que es un hombre en extremo alegre y divertido aunque a la vez muy pesado (algún día entenderás), me hizo reír todo el camino. Las contracciones eran ya muy seguidas. Ya llevaba más de 10 horas con ellas.
Llegamos a Santiago y, después de conversar un rato, nos fuimos a dormir. A las 4:50 am desperté con una punzante contracción. Dolor. Emoción. Desconcierto. Felicidad. Qué sentimiento sirve para describir ese momento? Miré la hora, anoté. Traté de volver a dormir. 5 de la mañana. Otra. Y así, cada 15 o 10 minutos te hacías notar.
A las 5 y media me levanté. Caminé sin rumbo por el enorme departamento de tus abuelos Jaime y Mariluy. Según yo no había nadie, pero estaban todos durmiendo. Di vueltas alrededor de la mesa del comedor, con el celular en la mano para ver la hora y un lápiz y un papel para anotar los tiempos.
7 de la mañana: estaba realmente agotada. Ninguna posición servía para aminorar el dolor. Respiraba, caminaba, me encuclillaba. Nada de lo que había leído, nada de lo que vi por el discovery home & health me sirvió mucho. Estaba totalmente ebria de dolor y placer. Mi cuerpo estaba preparado para lo que estaba viviendo y yo tenía plena confianza en mí. Quería vivirlo sola, no sé por qué. Bueno, sí sé. Porque cuando perdí a tu hermanito pocos años atrás, lo viví sola y fue tan íntimo que quise repetirlo, la soledad, la intimidad (v. l. r), el secreto, la cofradía entre una madre y su hijo.... no, definitivamente quería este momento sólo para nosotros dos.
8 de la mañana: no aguanté más y desperté a tu padre. Él me abrazaba, me daba la mano pero ya era más "insoportable". Llamé a la Beatriz, mi matrona. Ella me dijo que me zambullera en una tina caliente por 1 hora y la llamara. Yo pensé 1 HORA!!!! ok. Lo hice. Y ahí fue el acabóse. Las contracciones venían cada 3 minutos. Maximiliano, querido, ven pronto, pero que no me duela tanto, hijo.......
Rodrigo se metió a la ducha, y mientras yo me secaba un líquido tibio con olor extraño me surcaba las piernas...... rompí aguas!!!! A la clínica. Ahora. Ya.
Hoy, con mucho más conocimiento, experiencia, y muchas lecturas en el cuerpo pienso que no debí apurarme tanto. Pero era mi primera vez. Y quería anestesia. Error. En fin.....
En la sala de preparto ya estaba bastante vapuleada. Rodrigo tuvo la buena ocurrencia de sacarme un par de fotos (inmostrables por cierto) que atesoro con infinito cariño. Pre-parto. Pre-llegada de Max. Antes. Después. Mi vida estaba a punto de transformarse milagrosamente.
Reciví visitas, compañía y buenas noticias. Tu tía Catalina estaba también de parto!!! Tus queridos amigos, los mellizos, también llegaban al mundo el mismo día!!! Lamenté un poco la coincidencia pues ninguna de las dos pudo estar con la otra en ese momento tan especial. Sólo en espíritu.
3 de la tarde: Algo pasa. No respiras bien. Tus latidos bajan su intensidad. Temor. Incertidumbre. Qué pasa? Nada, mi amor, relájate. Todos corrían, nadie me explicaba nada. Me pusieron una mascarilla de oxígeno. Todo volvió a la normalidad. Seguimos esperándote, Maximiliano Mandarino. Llega Pepe, el anestesista. Siento una especie de alivio pero susto a la vez, me van a pinchar la espalda, la columna, con una gran aguja de 5 cms.... es peligroso. Rodrigo me ayuda, me acompaña en todo momento. Mira con cara de espanto lo que hace Pepe.... yo, ya entregada pienso: me da lo mismo, sólo quítenme este dolor!! (Hoy digo: cobarde, mi cuerpo fue creado para el parto...qué hice??? Nunca más.)
4 de la tarde: Viene mi cuñado Francisco, tu tío más joven. Él está de cumpleaños ese día. Está un poco molesto porque le aguamos la fiesta. No sé si es broma o es en serio, pero poco me importó en ese momento. Todos preguntan a qué hora llegarás. Andrés, el ginecólogo, dice: mmm apuesto por las 4 y media. Todos ríen y hacen apuestas. Yo quiero dormir. Ya no siento dolor. Pero estoy realmente agotada. Mi suegra bromea con que vas a nacer a las 5:45 igual que tu tío Francisco. El colmo. El mismo día y a la misma hora...... y así fue.
No sé a qué hora me llevaron a la sala de partos pero creo que fue a las 5. Todos estaban ahí (menos mi padre, mi madre, mi papi chanchi, mis hermanas, mi abuela, mi abuelo, mis tios, etc etc pero algún día entenderás por qué) Pero estaban tus tíos, tu adorada tía Pame, tus bisabuelos..... y yo iba flotando en la camilla, feliz, extasiada PRONTO ESTARÍAS AQUÍ!!
Floté, literalmente floté. Pero estaba anestesiada, ya no sentía contracciones, no te sentía pujando por venir al mundo..... y eso no me lo he perdonado hasta ahora. Perdóname por quitarte esa oportunidad, ese momento en que empujas para salir, en que luchas por cruzar el umbral que separa el mundo seguro del mundo cruel. Pero yo era ignorante. Hoy trato de compensarte. Como sea, floté hasta la sala de parto, con el corazón latiendo a mil, con tu padre perdido entre vestidores cambiándose de ropa, poniéndose un traje verde que me hizo confundirlo... si no fuera porque sus ojos azules quedaron descubiertos, sus ojos de tuto, su aro en la ceja.... y lo reconocí y apreté fuerte su mano......éramos dos, pero pronto seríamos 3. Tú y nosotros, nosotros y tú. Para siempre.
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